“No era solo una enfermedad que me afectaba físicamente, psicológicamente estaba destruida”

María del Cruz de Paco De Paco, paciente operada de mamoplastia de reducción.

‘Deprimida’ y ‘triste’ son dos de los adjetivos que María del Cruz De Paco De Paco (Elche, 1967), utiliza para describir como se sentía cada vez que se miraba al espejo antes de someterse a la operación que cambió su vida. Tras estos últimos 20 años, la mamoplastia de reducción ha ganado popularidad entre las mujeres. Esta operación tiene unos claros objetivos: mejorar la calidad de vida de los pacientes, ya sea por afectar directamente su salud o por motivos psicológicos.

María del Cruz tras la operación/Marina Torres

María del Cruz tras la operación/Marina Torres

“Estaba obsesionada con mi pecho, no podía vivir así”. Unas palabras que siguen llenando los ojos de lágrimas a María del Cruz De Paco, recordando esa época de su vida, que ahora ve tan lejana. Con 43 años y tras dar a luz a su hijo pequeño, se armó de valor y fue a ver a su médico de cabecera para explicarle desesperada “esos pechos no me pertenecen”.

Tras la confirmación de su médico, llegó la hora de ir al cirujano plástico, el responsable de juzgar a la paciente respecto a los requisitos asignados por la Seguridad Social. La candidata a esta intervención no puede ser cualquier mujer, debe tener una desproporción que le cause trastornos psicológicos de adaptación y problemas físicos por el peso excesivo de éstas. A causa de su incuestionable tamaño, produce malestares tales como: dolores de espalda, cuello y hombros. “Me midieron y pesaron el pecho, cumplía con todos los requisitos”, afirma María del Cruz.

La paciente explica como a los 18 años estaba más desarrollada que sus compañeras de clase, pasó de llevar una 85 a una 105. Se sentía avergonzada cada vez que iba a una tienda, ya que no encontraba una talla indicada para la cantidad de pecho que tenía. “Nada me quedaba bien, me miraba al espejo y no me sentía guapa, ni por dentro ni por fuera”, nos dice María del Cruz. Ya no era el dolor físico lo que le molestaba, psicológicamente entró en depresión, sentía que ese cuerpo no era el suyo. “Llegué a ir a la playa en camiseta, no me sentía cómoda llevando biquini”, comenta la paciente.

Además, cuando tuvo a sus dos hijos le ocurrió un problema con la lactancia, ya que al tener tanto pecho la leche no le llegaba al pezón. Esta es una de las anécdotas que ahora las cuenta riéndose, pero que por aquel entonces no podía dejar de llorar. “Mientras le intentaba dar pecho a mi hijo me quedé durmiendo y el niño por casi se ahoga por el peso de la mama”, narra María.

Todos estos factores son evaluados por los médicos que día tras día se asombran por como una mujer se rechaza por tener el pecho tan grande.

Una vez aceptada por el cirujano plástico, a María del Cruz se le dio la oportunidad de operarse en su ciudad natal, Elche, aunque la consecuencia era la larga lista de espera. Ella pidió operarse en Valencia donde a los dos meses recibiría la llamada que le cambiaría la vida. Tras ocho horas dentro de quirófano, la paciente que entró con una 135 de pecho, salió con una 95. “Me sentía rara por todas las vendas alrededor de mi pecho, no sabía cómo iba a quedar”, cuenta la paciente.

La técnica más usada en esta intervención es la de la ‘T’ invertida, creada por Lexer en 1912, como forma de poder extraer la grasa sobrante del pecho y realizar una reconstrucción para alzarlo. El 80% de las mujeres que se someten a esta cirugía quedan satisfechas con los resultados. Asimismo, se realiza tras la operación con el tejido que han extirpado una prueba para saber si la paciente es propensa a tener cáncer de mama.

Los primeros días de María del Cruz fueron dolorosos, recuerda como su hermana y su hijo mayor la estuvieron ayudando con las curas. No podía mover los brazos y el cansancio era su peor enemigo. “Tardé un mes y media en recuperarme, aunque no pude coger peso hasta los cuatro meses”, confiesa con la voz entrecortada recordando el dolor que sintió.

Llegó el momento, María del Cruz iba a verse por primera vez con su nuevo pecho delante de un espejo. “Cuando me vi solo me decía que ahora sí que iba a disfrutar de la vida”, afirma con una sonrisa. Además, confiesa un sentimiento que todavía tiene presente cada vez que se mira a un espejo, “parece que haya vuelto a nacer”.

Una operación con muchos riesgos, pero con unos resultados gratificantes para las pacientes que pasan por quirófano. Sin duda, para María del Cruz ha sido la mejor decisión de su vida, volvería a operarse sin pensarlo dos veces. Una enfermedad a la que le ha hecho frente y como ella, muchas otras mujeres que día a día deciden someterse a este tipo de cirugía para poder ser como dice María del Cruz: “más feliz que nunca”.

 

Marina Torres Torres

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