“Nuestra investigación servirá para diseñar una terapia que controle el beta amiloide y la Reelina”

Javier Sáez, Investigador del Instituto de Neurociencias de la UMH


Investigador Instituto de Neurociencias de la UMH

Javier Sáez en su laboratorio en el Campus de la UMH de Sant Joan d’Alacant. / Enrique Girona



Investigadores del Instituto de Neurociencias de la UMH consiguen explicar el aumento de la Reelina en los cerebros con Alzheimer

Ya han pasado tres años desde que el equipo de investigadores del Instituto de Neurociencias de la UMH, liderado por el científico y profesor Javier Sáez Valero (Alicante, 1973), descubrieron nuevos marcadores para el diagnóstico del Alzheimer. Este año, casualmente en el mes del Día Mundial del Alzheimer, este grupo de expertos ha dado un pasó más en la lucha contra esta enfermedad al explicar, por primera vez en la historia, el aumento de la Reelina en un cerebro con Alzheimer.

El equipo de Javier tiene varias líneas de investigación abiertas sobre el Alzheimer, sin embargo, en el laboratorio investigan sobre todo el papel que tiene una proteína llamada Reelina en el cerebro de los enfermos con Alzheimer. “El Alzheimer se caracteriza porque hay un deterioro cognitivo, una pérdida en las capacidades de adquirir nueva memoria y de aprender cosas nuevas, y precisamente esta proteína conocíamos que está asociada con estos fenómenos, es decir, que participa en la función”, explica el científico. Por eso, su interés por esta proteína iba creciendo desde el primero momento en que descubrieron que la Reelina se desequilibraba en los cerebros con Alzheimer, por lo que su principal meta era darle un significado a dicho cambio.

La Reelina es una glicoproteína secretada por unas neuronas particulares para desencadenar una señalización intracelular. Las neuronas están constantemente emitiendo y recibiendo información entre ellas, por lo que la función de la Reelina es imprescindible para la interacción y la respuesta celular. Esto es algo que los investigadores llaman vías de señalización. “Defectos de estas vías dificultan los procesos de memoria y de aprendizaje, lo que provoca que un cerebro patológico se convierta en más patológico”, explica el doctor. Las vías de señalización de la Reelina no solamente condicionan los fenómenos de memoria y aprendizaje, sino también el grado de fosforización de una proteína citoesquelética fundamental para el cerebro con Alzheimer, llamada TAU, que es controlada por estas vías de señalización.

En sus primeros ensayos, realizados en tejidos de personas que habían padecido la enfermedad, Javier había podido comprobar que la Reelina estaba aumentada. Sin embargo, para poder corroborar sus hipótesis, su equipo de investigadores debía realizar exámenes en personas vivas extrayendo el líquido cefalorraquídeo de voluntarios sanos y de personas vivas que padecen Alzheimer. Javier considera este líquido como “una ventana al cerebro” puesto que baña tanto éste órgano como la médula espinal, lo que permite estudiar enfermedades neurológicos sin necesidad de explorar el cerebro. Este nuevo marcador diagnóstico fue un avance en los ensayos clínicos sobre esta enfermedad y favoreció que su actual investigación obtuviese resultados.

Para llegar a los resultados actuales, Javier midió no sólo la Reelina sino también otras proteínas que tienen que ver con sus vías de señalización. Su sorpresa fue determinar que había una descompensación entre los niveles de Reelina y los niveles de esas otras proteínas. Mientras que en una persona sana hay una correlación perfectamente lineal, en otra que padece Alzheimer los niveles están desequilibrados, lo cual está revelando que efectivamente hay un problema en dicha vía de señalización. No obstante, Javier y su equipo esperaban que tener niveles altos de Reelina fuese beneficioso para un cerebro en condiciones normales y, desde luego, si está afectado por una patología como el Alzheimer. Tras varios análisis y exámenes clínicos, descubrieron que la función de esta proteína estaba siendo bloqueada por otra molécula.

«Para nuestra sorpresa, a pesar de encontrar aumentos en los niveles de esa proteína, encontramos que su función estaba comprometida. Era como si la Reelina dejara de funcionar»

Los resultados de su investigación describían que el péptido beta amiloide, que es el principal agente patológico que lleva a padecer la enfermedad, estaba bloqueando la función de la Reelina. La investigación de Javier demostró que el péptido beta amiloide actúa como una especie de pegamento con la Reelina, bloqueando su interacción con los receptores. Por lo tanto, aunque tener niveles altos de Reelina sea bueno, la situación en el cerebro de Alzheimer es que esos niveles dejan de ser efectivos.

Con estos resultados, Javier había conseguido explicar el qué, pero todavía faltaba por aclarar el por qué. Los investigadores de la UMH pensaron que ese aumento de Reelina se debía posiblemente a un mecanismo de defensa del cerebro. De una cosa estaban seguros y es que, en un órgano tan perfecto como el cerebro, tener unos niveles altos de lo que sea indica que algo está ocurriendo mal y el cerebro está intentando reaccionar. Gracias a los experimentos que realizaron con ratones transgénicos en el laboratorio, en los que aumentaron intencionadamente la cantidad de beta amiloide, Javier pudo comprobar que el cerebro responde a la patología produciendo más Reelina, lo que da lugar a un círculo vicioso.

Desde hace dos décadas se conoce que el agente patológico del Alzheimer es el péptido beta amiloide pero, hasta ahora, la mayoría de los ensayos clínicos no habían sido capaces de explicar el deterioro cognitivo que padecen las personas con Alzheimer. Existen terapias en desarrollo que desgraciadamente todavía no se han aplicado a los enfermos. Lo que hacen estas terapias es intentar bloquear el beta amiloide. Sin embargo, Javier y su equipo defienden que controlar el amiloide no solucionará el deterioro cognitivo. Es por esto que su Javier apuesta por una terapia que no solamente aborde el beta amiloide, sino que también vaya fortalecida por fármacos que ayuden a que los procesos de memoria y aprendizaje funcionen mejor. “Nuestra investigación creemos que puede ser interesante para poder diseñar, de una manera adecuada, una terapia que pueda ser aplicada a seres humanos en los cuales no solamente se controle el beta amiloide sino que pueda ser controlada la Reelina”, explica el investigador. Su investigación concluye con que aumentar los niveles de Reelina en un cerebro con Alzheimer cuando hay una señalización inadecuada no sería efectivo si no controlamos el efecto pernicioso del beta amiloide que está bloqueando su función. Por lo tanto, tendría que ser algún tipo de terapia de manera dual en la cual se evitara que el beta amiloide estuviera bloqueando la enzima, para que ésta estuviera aumentada de manera natural y beneficiosa en un cerebro con desorden neurológico.

Enrique Girona

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