Nuestro cuerpo no es un basurero

Imagine que quiere ir a ver la nueva peli de “Star Wars”, tomar una caña con los amigos, ir al gimnasio, visitar a su primo, sacar a pasear al perro, comer en el nuevo restaurante que han abierto en la ciudad y mandar foto de todo ello a los siete grupos que tiene en Whatsapp. Además, desea dormir las ocho horas recomendadas y comer sano para mantener la línea. Todo ello en el poco tiempo que le han dejado las horas de trabajo y estudio.

Uno de esos días en los que, por suerte, mi jornada laboral no había resultado del todo estresante pude reencontrarme con un gran amigo que había pasado un año en Polonia. Nos pusimos al día y hablamos de lo que nos esperaba el próximo curso. Entre la lista interminable de objetivos estaba, sin sorpresas, el deporte. Yo me quería apuntar al gimnasio y él quería buscar un “box” en Alicante para practicar CrossFit, deporte que había descubierto en tierras polacas. Para mí todo eso del “box”, del “Crossfit” y muchas palabras más que no recuerdo, era algo completamente nuevo, pero él sólo me contó maravillas, como si se hubiese contagiado por todo ello. La curiosidad se despertó en mí e investigué hasta que descubrí que el CrossFit es algo más que un método para ponerse en forma. Es, al fin y al cabo, un estilo de vida que une a una comunidad y cuya principal ventaja recae en su efectividad a corto plazo.

No es casualidad que gran parte de los ‘crossfiteros’ que pueblan este planeta sean devotos de la “dieta paleo”: tal y como hicieran nuestros ancestros, sólo comen verdura, carne, pescado, huevos, frutos secos, semillas, aceites y hierbas; y evitan el azúcar y otros granos procesados como la harina, el trigo o el maíz. Según los “paleonívoros” se pierde peso y se gana en salud, ya que se previenen gran parte de las enfermedades que causa el estilo de vida moderno.

Hace unos días descubrí el blog de dos hermanas que practican CrossFit y que se hacen llamar “Fitsters”, y me puse en contacto con ellas de inmediato. Lo que me contó Alba –la mayor– me dejó anonadada: “Sigo la dieta ‘paleo’ desde hace cuatro años y sólo he estado enferma una vez”. Pero, ¿cómo puede ser posible? Ante mi estupefacción, ella respondía: “Nuestro cuerpo no es un basurero, y cada vez que abrimos la boca para meternos un “Bollycao” aumentan las posibilidades de que padezcamos cáncer en el futuro”. De esta forma, entendí la relación “paleo-crossfitera”. Es una simbiosis: al hacer Crossfit y al alimentarse bien se consigue el ejercicio completo; no existen una cosa sin la otra. Para los ‘crossfiteros’ esa unión es la más asequible en cuanto estilo de vida a largo plazo. Pero es precisamente algo a largo plazo lo que no se busca hoy en día entre el común de los mortales. Lo queremos aquí y ahora. “Es más fácil dar una pastilla que construir una vida sana”, me dijo el entrenador de CrossFit ALC Miguel Borrazás cuando le pregunté sobre los peligros del Crossfit.

Ahora, tras haber descubierto todo esto y siendo plenamente consciente de mi tiempo, tan sólo pienso en el eslogan de las Fitsters: “Lamentarás no haber empezado antes”.

Por: Alicia Sánchez Dáz-Hellín | Macarena Sogorb Zaragoza | Roberto Torres Belmonte

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