“Nunca creí que fuera ludópata, ahora quiero volver a vivir”

Carlos Besada, adicto al juego afronta su segundo intento de recuperación en FEJAR.

“No me escondo más, soy ludópata y responsable de mis errores pero no culpable, si no me acepto a mi mismo jamás me rehabilitaré”, afirma Carlos, que se halla sumido en un proceso de tratamiento complejo elaborado por FEJAR (Federación Española de Jugadores de  Azar Rehabilitados) tras recaer y derrochar una fortuna  en su larga trayectoria ligada al juego patológico.

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Carlos Besada expresa públicamente su lucha personal ante el juego patológico. Imagen cedida

Carlos Besada, nacido en 1969 en Coya, una ciudad viguesa que oscila sobre los 30.000 habitantes, destapa sus miedos y abre de par en par su corazón  para narrar vivencias estremecedoras relacionadas con el mundo de la ludopatía. Se declara adicto y acepta su enfermedad como tal, un paso tan complicado como necesario para sobreponerse al infierno del juego. Estafó, manipuló, perdió, se endeudó y dijo “basta”.  Desde hace unos meses afronta su segunda rehabilitación en FEJAR, federación que alberga 18 centros en todo el país. Actualmente unos 10.000 ciudadanos  con tendencia adictiva están a las órdenes de los especialistas que luchan por desactivar la dependencia sobre el juego patológico de los sujetos. Sin olvidar las más de 500.000 personas en España con problemas de juego y las previsiones anuncian un aumento considerable.

La ludopatía es un trastorno reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que lo recoge en su clasificación Internacional de Enfermedades en el año 1992. El sujeto siente una incontrolable necesidad de jugar  siendo consciente, pero menospreciando las consecuencias negativas de realizar esta actividad adictiva. La irrupción de las apuestas online y el aumento de la publicidad en cualquier franja horaria de la televisión ha motivado a muchos jóvenes a experimentar los primeros contactos con estas actividades. Según la memoria anual de 2015 elaborada por Dirección General de la Ordenación del Juego, la estructura de alta por intervalo de edad que predomina configura entre personas entre 26 y 35 años con un 30’76%. Mientras los jóvenes entre 18 y 25 años acogen un 15,12% del total de adictos.

Carlos Besada es uno de los afectados que ligó su vida con el juego en el rango juvenil hace más de 20 años. Como él añade, su vínculo con el azar floreció  en la cima de la vida hasta que se sumergió en un pozo sin salida: “A los 30 años empecé a jugar fuerte y disfrutaba. En un solo día era capaz de gastarme entre 150 y 3000 euros”.  Por estas fechas, abrió una empresa propia y derrochó alrededor de 30.000 euros en un periodo de 8 meses, se encontraba inmerso en el punto álgido del juego, su vida se convirtió en una inmensa “montaña rusa” comparable al mismísimo Dragon Kahn, su estado anímico se balanceaba, el transcurso entre la “euforia y  la miseria era cuestión de minutos”, confiesa el implicado. No tuvo más remedio que cerrar la empresa y mudarse a Madrid con su mujer con el propósito de dejar el juego, pero desgraciadamente no fue así: “Me fui a Madrid pensando que yo solo podía solucionar el problema del juego. Yo no creí que fuera ludópata. Solicito créditos a banco, tarjetas de créditos  e incluso robar de la tienda donde estaba trabajando y obviamente me despiden”, explica sin tapujos y con la esperanza de rehacer una vida estable.

Allá por el año 2006, los familiares conscientes de su problema le impulsan a FEJAR e inicia un tratamiento de dos años para rehabilitarse. Durante este tiempo, Carlos consigue pagar una deuda completa que rondaba los 50.000 euros y deja la conducta adictiva por un control exhaustivo, pero  el “gusanillo” continuaba removiendo la mente: “En cuanto volví a tener dinero volví a jugar. En cuestión de dos meses le robé a mi jefe 3000 euros. Desaparezco, duermo unos días en el coche y robo comida para sobrevivir, fueron momentos duros. Y cuando dejo  el orgullo, le pido ayuda a mis padres”, asiste en tono dolido, pero orgulloso por luchar de tú a tú con una enfermedad que afecta al 0,9% de los ciudadanos españoles según Juan Lamas, director técnico de la federación.

“Gracias a dios soy un afortunado. El hecho de dar la cara aun habiendo recaído, todo los problemas que tuve, todo lo que engañé y manipulé, que mi familia y mis amigos sigan a mi lado no hay dinero que lo corresponda”, confiesa agradecido por el incondicional apoyo recibido de sus familiares. Asimismo, ensalza la labor realizada por los especialistas de FEJAR, sin ellos considera imposible abandonar estas conductas: “las terapias son básicas para el funcionamiento normal de la cabeza, te aclaran que esto es una enfermedad y te hacen aceptarte como un enfermo que es básico”.

Llegados a este límite, uno baraja dos opciones; seguir en el camino de la perdición, o luchar por primar  el valor de las personas por encima del dinero. Este es el sendero que ha elegido Carlos cuando lo sencillo, quizás, sea tirar la toalla y dejarse llevar por los impulsos mentales. Con una aparente mejoría de su autoestima admite que  el dinero se ha convertido en algo “insustancial” en su vida, y que “jamás” recuperará todo el capital que desechó.

Respecto al alto índice de jóvenes que acceden a este mundo, señala que no es nadie para aconsejar: “No puedo decirle nada a nadie, simplemente tener cuidado con el juego”. Aunque matiza que el juego patológico es un “riesgo” que corren algunos de los ciudadanos, “no todo el mundo va a ser adicto. Carlos Besada representa los valores de la valentía por afrontar el problema desde la sinceridad, la amabilidad y el reconocimiento de los errores que cometió. Un ejemplo para aquellas personas que no se atreven a dar el paso de asumir públicamente el grave problema de ser ludópata, como atiza el gallego “el juego es una diversión y hay quien sabe divertirse con el juego y hay quienes sufrimos con el juego.

 

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