Ortorexia: Mentes enfermas en cuerpos “sanos”

Los especialistas insisten en que una vez detectados los primeros síntomas, se debe acudir a expertos sino, los daños podrían llegar a ser irreversibles

Comer de manera saludable siempre ha sido sinónimo de buena salud. Siempre se ha considerado como algo gratificante. Sin embargo, el desarrollo del culto al cuerpo durante la última década ha sido llevado a niveles extremos. La mente humana es capaz de llegar a unos confines insospechados debido a ilógicas obsesiones y a las dietas, que pueden llegar a ser una gran puerta abierta hacia ellas.

¿Y si comer “sano” se convierte en algo enfermizo?

La pregorexia, obsesión por la pérdida de peso durante el embarazo; o la vigorexia, deseo extremo por estar musculado; son trastornos alimenticios considerados como tendencia hoy en día. Dentro de estos, asoma y empieza a ocupar un sitio muy importante en nuestra sociedad la ortorexia: obsesión por la comida sana.

Se caracteriza por la extrema fijación hacia los alimentos saludables y la preocupación por seguir dietas estrictas. Para los afectados, la alimentación es el eje más importante de sus vidas.

Debido a la importancia que la sociedad le ha dado a la delgadez y al culto al cuerpo, las personas más vulnerables a este contexto intentan “protegerse” mediante ellas y, el hecho de saltárselas supone una carga psicológica. Los cambios en su peso les dan sensaciones positivas que les ayudan a verse atractivos y recuperar sus relaciones sociales. Por este motivo, es frecuente que se creen obsesiones por mantener el cuerpo que han logrado con tanto esfuerzo.

¿Está mal comer natural? ¿Está mal comer saludable?

“Según lo que se entienda por “saludable”, afirma Coloma Muro, psicóloga especializada en ortorexia. “Ese extremismo en su dieta puede tener complicaciones médicas tan graves como las comunes en la anorexia, como anemia, acidosis metabólica o deficiencia de testosterona”, -prosigue- “aunque la gravedad del asunto no se restringe en las condiciones físicas, sino que se extiende desarrollando problemas psicológicos”.

La preferencia alimenticia de las personas con ortorexia son los alimentos naturales, no procesados. Así, los primeros productos que eliminan de su dieta suelen ser los lácteos y los que contienen gluten. Las vitaminas esenciales para sobrevivir se ven mermadas, pues no sustituyen los alimentos que rechazan por otros que puedan aportarle los mismos componentes nutricionales. Debido a ello, la falta de energía y la ansiedad que se genera al vivir mediante este estilo de vida crea un elevado riesgo de aislamiento social, ya que sólo pueden mantener una alimentación “sana” cuando se encuentran solos.

María Dolores Fuentes, de 25 años de edad, vive este infierno desde hace más de tres años. La búsqueda de una pérdida de peso y un cuerpo más fibroso fue lo que provocó su trastorno. “Nadie conseguía decirme con exactitud lo que necesitaba saber sobre los alimentos para poder consumirlos. Nunca solía asistir a reuniones de amigos o familiares y, si asistía, me pedía agua embotellada”, explica.

La ortorexia empieza inocentemente, a veces para superar otros tipos de enfermedades crónicas o simplemente para mejorar el estado de salud, pero se requiere mucha fuerza de voluntad para adoptar una dieta basada en una alimentación natural en el entorno en el que vivimos. El esfuerzo que deben poner los individuos para consumir tales alimentos es tan grande que dedican la mayoría de su tiempo en ello y es ahí cuando se convierte en un problema.

El acto de comer “puro” implica castigarse cuando esto no se cumple. Los métodos compensatorios son típicos en los pacientes anoréxicos y bulimicos y el mecanismo mental que ocurre con los ortorexicos es el mismo. Sin darse cuenta, destinan más tiempo planificando qué comer, que comiendo y su vida se ve restringida a resistir tentaciones, autocastigarse cuando consuma alimentos no naturales y mostrando a los demás su superioridad al llevar una alimentación “equilibrada”.

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Sala de reunión de la asociación ADABE donde se realizan las sesiones de autoayuda y prevención para padres y pacientes / Paula Guerrero

Los especialistas insisten en que cuando comienzan a emerger los primeros síntomas se debe acudir a un profesional de la salud mental para que estudie sus comportamientos. Marina Ponzó, coordinadora de la Asociación de Anorexia y Bulimia de Elche (ADABE), sostiene que la participación de psicoterapeutas y dietistas es indispensable. “Los grupos de autoayuda para los padres, sirven tanto de prevención como para el día a día de ellos en casa. Cuentan sus experiencias y se ayudan unos a otros. Además, les damos pautas de qué hacer y qué no hacer. Les personalizamos los tratamientos según cada caso”, explica. Lo ideal sería que los afectados y sus respectivas terapeutas trabajaran conjuntamente para fortalecer sus aptitudes y para aprender el funcionamiento de su cuerpo. La coordinadora insiste en que las terapias individuales sirven para concienciar al paciente de que comer no es ninguna amenaza, sino todo lo contrario, es una conducta básica de supervivencia además de placentera.

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Centro UNO, premiado por UPSANA (Unidad Profesional Sanitaria de Alicante) en la V Gala de la Salud / Imagen cedida

A nivel psicológico, las secuelas que dejan este tipo de enfermedadades suelen ser irreversibles.  Según Carlos Martín, nutricionista del centro UNO especializado en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de desórdenes alimentarios, “siempre quedará de fondo una obsesión por la comida y un miedo por la recaída”. Las capacidades físicas son más fáciles de restaurar ya que, gracias a la medicación y a la introducción de los alimentos necesarios se puede volver a los niveles hormonales indispensables para poder llevar una vida normal. Cuando los casos suelen ser crónicos o se han prolongado durante muchos años se hacen cuidados paleativos: “Aunque un paciente siga, por ejemplo, dentro de la anorexia, buscamos hacerle llevar el mejor nivel de vida posible” explica Carlos.

Redes sociales, ¿provechosas o peligrosas?

Son muchos los riesgos que corren los niños navegando por internet y, cada vez, su acceso a las tecnologías se hace más prematuro.

Según datos publicados por el Departamento de Comunicación de la Fundación Alia2, la edad media de inicio en la telefonía móvil se sitúa entre los 10 y los 12 años. A esas edades tan tempranas su identidad no está clara y eso influye de gran manera ya que, redes sociales como Instagram, Facebook, etcétera, que rinden un sobrevalorado culto al cuerpo generan presión sobre ellos.

La imagen que se vende por los medios no es la que debería ser. Por ello, la gente vulnerable, se compara con este tipo de personas y busca parecerse todo lo posible. El perfeccionismo, la autoestima y la rigidez de uno mismo son factores claves a la hora de caer en este tipo de enfermedades.

Este es uno de los motivos principales por los cuales el índice de personas que padecen algún tipo de TCA haya incrementado en todo el mundo. El 10% de la población española de entre 10 y 15 años sufre algún tipo de trastorno alimenticio. Las mujeres jóvenes son el grupo más bombardeado con inputs favorecedores del desarrollo de la ortorexia, pues las imágenes de nuevas modelos con cuerpos “fit” son las más utilizadas para vender cualquier producto.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ortorexia afecta al 28% de la población mundial. Además, se observa un 6,9% en la población general, y un 57,8% en profesionales, como pueden ser estudiantes de medicina, entrenadores físicos, dietistas, etcétera.

“Aunque en España no se han realizado estudios estadísticos concernientes a la ortorexia,-comenta la psicóloga Coloma Muro- en consulta cada vez es más frecuente ver la adopción de dietas como la de sirope de arce o la peligrosa tendencia por sustituir grupos de alimentos por sobres proteinados”.

Hace años, el hecho de llevar una vida “sana” significada ir a dar un paseo, en el que se incrementaba la capacidad aeróbica y la resistencia. Actualmente, el término “sano” se representa físicamente a través de un cuerpo esbelto y musculado. Esta externalización del concepto “fitness no es más que una fusión entre lo “healthy” y lo “sexy”. Para conseguir un cuerpo “fit” hay que cuidar la alimentación y realizar ejercicio. Este último ayuda a reducir el porcentaje de grasa corporal y es la única manera de ganar músculo. Las dietas deben ayudar a reducir el porcentaje de grasa ingerido, pero no hasta el punto de eliminarlo por completo. Por ello, mucha gente cree que comer sano les dará un cuerpo “healthy” pero en realidad sólo les da un cuerpo esbelto, que para nada tiene que ver con la salud.

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