Poniendo límites a la violencia machista

Un juez prohíbe al autor de un delito de maltrato entrar a Elche durante 16 años por pegar a su pareja y a la hija de esta

Tres víctimas mortales, 1.579 denuncias interpuestas y sólo 259 condenados a prisión por violencia de género en Alicante, durante el último año. Se trata de datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en lo que va de 2015 y que muestran la verdadera crudeza del maltrato machista. La mayoría de los casos sólo han servido para aumentar la cifra de mujeres que son víctimas de agresiones por parte de sus exparejas. Casi todos, excepto uno.

El Juzgado de lo Penal número 3 ha prohibido al autor de un delito de violencia de género entrar al término municipal de Elche durante un total de 16 años. Además, ha sido condenado a 27 meses de prisión y a la posterior localización permanente en su domicilio. Se trata de una sentencia pionera que ha logrado crear jurisprudencia a nivel nacional y endurecer las leyes contra esta lacra social.

Ciudad de la Justicia de Elche / RAQUEL ANTÓN

Ciudad de la Justicia de Elche / RAQUEL ANTÓN

 

El 16 de mayo de 2014 Eva Andreu y su madre, Cristina Giménez, sufrieron un episodio de maltrato a manos de la expareja de esta. Ahora, es la justicia quien golpea fuerte contra la violencia de género. Adolfo Ramos Molina, abogado defensor del caso, explica que “es la primera vez que a un acusado se le impide entrar a una localidad durante tanto tiempo”. Además, se le ha impuesto la condena habitual de orden de alejamiento de sus víctimas a una distancia de 500 metros así como la obligación de indemnizarlas económicamente. “Se trata de una sentencia ejemplar y pionera en toda España”, aclara el letrado.

En cambio, no ha sido un proceso fácil para la justicia, y tampoco para sus víctimas. “Mi madre y su expareja habían discutido, y él vino a mi casa a recoger sus cosas. Tras una serie de insultos, se abalanzó sobre mí y amenazó con sacarme los ojos con unas tijeras; después intentó matarme”, narra Eva Andreu, víctima afectada por el caso.

Cristina Giménez se abalanzó sobre su hija para protegerla y fue entonces cuando recibió los golpes que le llevarían a pasar 4 meses en rehabilitación y que, posteriormente, le impedirían volver a operar y atender partos, tareas habituales en su profesión. “En uno de los golpes que él intentó dar a mi hija me fracturó el tercer dedo de la mano izquierda y el cúbito y el radio del brazo derecho”, detalla la ginecóloga visiblemente afectada.

El acusado, médico y padre de 3 hijos, no entra dentro del perfil común de un maltratador. Según un estudio realizado por Vanessa Gallego, psicóloga especialista, estos presentan factores comunes como la ausencia de habilidades, el consumo de alcohol o drogas o violencia en la familia de origen. Su expareja, Cristina Giménez, lo define como “una persona extremadamente inteligente, amante de la libertad y el deporte; un hombre sano y con elevadas capacidades intelectuales”.

Por ello, el inculpado ha intentado eludir la condena durante los casi 10 meses que ha estado en prisión provisional. El abogado confirma que el acusado ha ido “cambiando las versiones” sobre la marcha. “En ciertas ocasiones hacía responsables a sus propias víctimas, afirmaba que se habían autolesionado para inculparlo. Incluso llegó a decir que los golpes en las costillas y en la cabeza de la menor y la fractura de dedo de la madre habían sido provocados por ellas mismas. En otras, me culpaba a mí de haber preparado una trama en su contra”, explica Adolfo Ramos.

Otra de las artimañas que el maltratador utilizó para evitar la sentencia condenatoria fue la de hacer alusión a una serie de problemas causados por un tumor inoperable en la cabeza. “A pesar de que hemos informado al juzgado de los posibles problemas mentales de este señor, él nunca ha podido demostrarlo ni acreditarlo de ninguna manera”, defiende el jurista.

Aunque de momento respiran tranquilas, las víctimas aseguran haber pasado el peor año de sus vidas. “Los primeros meses fueron muy duros. Hice cosas que jamás pensé que haría como comprar un perro de presa y entrenarlo para la defensa; cerrar todas las puertas y ventanas, incluso durante el día. Tenía a mis tres hijos localizados permanentemente y sabía que aún seguía en prisión”, describe Cristina Giménez.

Eva Andreu, todavía menor de edad cuando ocurrió el episodio, recuerda los siguientes meses con mucha angustia y sobre todo, miedo. “Tenía la sensación de que me seguían todo el rato; en el instituto me ponía a llorar de repente y sin saber por qué. No quería que nadie lo supiera porque sentía una vergüenza terrible de que eso me hubiera pasado a mí”, confiesa con la voz entrecortada.

Pese a ello, ambas sienten una tranquilidad relativa. “Las víctimas, como en la mayoría de los casos, tienen la preocupación y el miedo de lo que pueda ocurrir el día en el que este señor salga de prisión y pueda tomar represalias contra ellas”, puntualiza el abogado del caso.

Tras el proceso, madre e hija han sabido que el autor de las agresiones había sido condenado en dos ocasiones anteriores en 2005 y en 2009 por maltrato y amenazas a parejas sentimentales. La reincidencia supone que cada condena se fije en un término superior y, según el letrado Adolfo Ramos, “estas sentencias nunca han acabado en cárcel porque el acusado había manipulado de alguna manera a sus anteriores víctimas con el fin de llegar a alguna conformidad y no tener que entrar en prisión”.

Eva Andreu y Cristina Giménez. Víctimas de violencia de género / RAQUEL ANTÓN

Eva Andreu y Cristina Giménez. Víctimas de violencia de género / RAQUEL ANTÓN

 

Las dos partes del procedimiento jurídico, tanto la acusación como la defensa, pactaron con el Ministerio Fiscal las condiciones establecidas en la sentencia y, de ese modo, evitaron la celebración del proceso judicial. El abogado explica que “de esta manera, tanto la fiscalía como yo, asegurábamos que la pena fuera suficientemente importante para asegurar la vida tranquila de las afectadas”. Para las víctimas lo primordial era establecer la mayor distancia posible entre ellas y su agresor y, gracias a la defensa de su abogado, esto ha sido posible.

Según datos publicados por el INE, en lo que va de año, en España se han atendido 7.750 llamadas al 016, un servicio telefónico de información y asesoramiento jurídico en materia de violencia de género. Entre estas, un total de 363 han sido recibidas en la localidad de Alicante. Además, a nivel nacional se han instalado 742 dispositivos electrónicos de seguimiento al agresor, de los cuales 37 pertenecen a la provincia alicantina.

En total, entre el 20 y el 25 % de la población femenina ha sufrido violencia machista alguna vez a lo largo de su vida

Detrás de cada uno de estos números hay una mujer, tras cada cifra hay una historia que merece ser contada. Y por suerte, hay algunas con final feliz. El caso de Eva y Cristina ha servido para endurecer las leyes contra la violencia machista y aumentar las condenas para los maltratadores. La resolución judicial, que prohíbe entrar al agresor durante 16 años en el término municipal de Elche, se empleará para futuros casos con características similares. Ante la violencia, siempre distancia.

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