Por un día niño

El día 20 de noviembre de 1989 Organización de las Naciones Unidas, tras negociaciones con líderes religiosos, ONGs y gobiernos de todo el mundo, convino la firma de la Declaración de Derechos del Niño. Y esa misma fecha se estableció para celebrar a nivel mundial el Día del Niño. Un 20 de noviembre para luchar contra las desigualdades hacia los menores y promover la fraternidad entre niños y niñas. La Nucia (Alicante) ha organizado su particular celebración.

Esta es una fecha que el pueblo celebra por IX vez. Un día en el que los niños dejan sus deberes –en el sentido más amplio de la palabra– para ser únicamente lo que realmente son, niños. Un día en el que no tienen ninguna obligación, sino la oportunidad; la de disfrutar, la de hacer amigos, la de reír, la de mancharse, la de llorar por una caída, la de sentirse lo que son.

El alcalde Bernabé Cano (derecha, con anorak azul) frente al hichable que más triunfó / Ayuntamiento de La Nucia

Y es que por un día, los niños se van a convertir en los verdaderos protagonistas de todo un pueblo. El sol todavía se tapaba con unas nubes que hacían de manta cuando sobre el suelo del polideportivo se han erguido castillos de goma, circos hinchables y cabinas de plástico. Monitores de verde terminaban de preparar sus talleres, ponían a punto sus zonas de vigilancia y a prueba sus silbatos. Una humanizada Frozen se terminaba de maquillar. Y la Patrulla Canina, abrochaba sus espaldas y ajustaba sus cabezas. Para los más mayores, los mayorales arman una barra recaudatoria.

Cerca de las 11, los niños habían invadido cada rincón del recinto. En la entrada escriben sus nombres en pegatinas para después fotografiarse con sus personajes de animación preferidos. A partir de ahí, les es ofrecido un enorme paraíso de diversión. Los niños gritan, las sonrisas brillan y las carcajadas silencian el viento. En cada rostro hay un león, una princesa o un pirata dibujado. Todos ellos salen del primero de los talleres que hay en las mesas del ala derecha del recinto. En la segunda mesa, colores en mano, perfilan mandalas de todo tipo. Y más allá, la actividad se centra en la música; crean flautas con materiales reciclados. En otro taller, se dedican a la construcción de nidos para pájaros. Y en otro a la confección de pajaritas. Así, los más laboriosos se entregan a las manos para llevarse su propio recuerdo como trofeo por ser un niño.

Al fondo, los más pequeños disfrutan un espacio ideado para ellos. A cada borde, una red salvaguarda al niño de una caída. En cada brote de asfalto, una colchoneta lo protege del tropiezo. Y por si fuera poco, padres vigías actúan contra los posible golpes. Dos colchonetas de máxima seguridad. Todo lo contrario que a la izquierda del espacio, donde los más mayores y atrevidos disponen de dos retos para aventureros. Espacios que saltar abismales para ellos, camas elásticas como catapultas o paredes de goma contra las que estamparse. Mario, uno de estos valientes, confiesa que aunque para los padres puede ser aburrido, ellos, los Niños, lo pasan en grande.


Mario confiesa que aunque para los padres puede ser aburrido, ellos, los Niños, lo pasan en grande


En el centro de lugar hay un espacio rectangular limitado por tubos como fronteras. No hay actividades de manufactura, ni espacios con redes protectoras, ni imponentes precipicios. Sin embargo, hay algo que atrae mucho más que todo eso. Una melodía pegadiza, un mensaje hermoso y una coreografía. Gema Soria es la encargada del taller de baile, y a ritmo de la música enseña sus coreografías a todos los niños que atraviesan esas fronteras. Y es que con “Madre Tierra” pocos son los que pueden quedarse inmóviles. Gema Soria subraya: “El baile es importante porque hoy en día los niños suelen quedarse en casa quietos y es necesario que se activen y no paren”. Además, defiende que eventos como este fomentan la creatividad, la imaginación y las capacidades de relacionarse de unos niños con otros.

Gema Soria (al frente) lleva el primer taller de baile que se organiza para este evento / Ayuntamiento de La Nucia

Gema Soria (al frente) lleva el primer taller de baile que se organiza para este evento / Ayuntamiento de La Nucia


Eventos como este fomentan la creatividad, la imaginación y las capacidades de relacionarse de unos niños con otros.


Un “¡Yo puedo saltar más alto!”, un llanto de vergüenza, un reciente amigo ‘de toda la vida’, una pataleta que susurra “no me quiero ir” son las 3000 voces que gritan una misma reivindicación: “Es que soy un niño. Dejadme serlo”

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