No les da la gana

La educación ya no es lo que era. Antes había que tener cuidado por si los profesores abusaban de los alumnos. Ahora son los niños los que controlan la escuela. ¿Los culpables? Los padres.

Deben ser las 11, algún ruido me despierta. Anoche decidí no programar el despertador porque trasnoché trabajando. Miro el reloj: las 8:45h de la mañana. “Claudia me cago en tu … madre coge el … bocata y sal pitando niñata” ha sustituido a la melódica sinfonía de pajaritos que cada día me ofrece el teléfono móvil media hora antes. Empiezo a oír llantos y golpes, y como si de un maltrato se tratase me levanto rauda de la cama y salgo al hall del apartamento, donde mi querida vecina se dedica a alegrarme las mañanas. Teresa tiene tres hijas de 2, 4 y 5 años. Paco, su marido, rara vez grita y cuando lo hace se pueden enterar hasta los del cuarto piso. No me atrevo a llamarles la atención porque bastante tienen con llegar tarde al colegio y que Sofía, otra de las niñas, no quisiera desayunar y se manchase el uniforme del colegio con la taza de leche. Casi como la lluvia en una noche de San Juan que parece abril, las lágrimas de las tres niñas inundan mis pensamientos.

Supero el sueño que me invade y me da por seguir a Teresa, que una vez deja a las niñas en un colegio concertado se dirige al psicólogo. Quedo sorprendida y pienso en volver a casa, no debería meterme en la vida de los demás ni jugar a ser Sherlock Holmes con una persona que podría estar enferma. Pero no es el caso. Teresa lleva varios meses viéndose con el psicólogo Alberto Moragriega. ¿Su causa? No puede controlar a sus hijas, les grita cada mañana dejándose la garganta y siguen haciendo lo que quieren. Está desesperada. Quien debería ir a un psicólogo serían sus hijas pero solloza que “no llegan ni a los 5 años”.

Cuando cae la tarde paso “de casualidad” por el colegio Santa María de Elche, donde “casualmente” están Claudia y Sofía. María Ángeles es su profesora de gimnasia rítmica todos los lunes durante hora y media y consigo hacerle de apoyo en la clase, 24 niñas de 4 y 5 años en un pabellón enorme no es nada fácil. Nos  dirigimos a recoger a cada niña en su clase unos minutos antes de terminar el temario para ir al gimnasio, María Ángeles comenta apurada que tiene que hacerlo así para que las madres no se entrometan y lleguen tarde a la clase de gimnasia. Llegamos al pabellón deportivo con la veintena de niñas inquietas que se escapan por todos lados y vacilan a la profesora porque no puede con todas. Una vez que conseguimos enjaular a las fieras en los vestuarios para cambiarles el uniforme parece que la puerta fuese a caer en cualquier momento. Unas diez madres aparecen enfurecidas golpeando ventanas por cerrar el pabellón para poder cambiar a las niñas sin que se escapen.

Como si del primer día de rebajas se tratase, las madres arrasan con los vestuarios convenciendo a sus hijas de que no obedezcan a la profesora y se queden sin entrar al pabellón hasta que ellas no lleguen a darles la merienda.

María Ángeles consigue enfurecida que se marchen quince minutos más tarde de lo que debería haber empezado la clase y procede a los ejercicios de elasticidad con las niñas. Comienzan los llantos. Ninguna niña hace caso a la monitora, quieren volver con sus madres o se ponen a correr riéndose de María Ángeles. La profesora se desborda y empieza a sudar, no sabe qué hacer y se desespera ante la situación, las niñas solo saben decir “mi mamá ha dicho que no te haga caso y no lo voy a hacer”. Qué obedientes son cuando quieren.

España está atravesando una situación de crisis que no solo se basa en la economía. María Ángeles cobra 70 euros al mes por dar cuatro horas de clase a la semana con niñas que no le permiten hacer ni la mitad de su trabajo. “Más que una profesora parezco una niñera, las madres quieren controlar todo y luego en casa son las que peor las tratan”, afirma.

La mala educación infantil está provocada por los padres, que consienten desde el primer momento que estos comportamientos no sean los adecuados. La irritación, el enfurecerse, arrastrase por el suelo o gritar son síntomas de niños a los que se les ha consentido cuanto han querido desde el principio. “Acostumbrados a ver satisfechos todos sus caprichos, se obstinan en obtener cosas imposibles; y como no se les dan se manifiestan con estos comportamientos” afirma un artículo sobre Los padres y la mala educación de los hijos publicado por protocolo.org. Educar a los hijos no es tarea fácil pero, una vez que se han maleducado, ¿qué hay que hacer? Numerosos psicólogos  proponen opciones para acabar con ello pero los padres vuelven a recaer una y otra vez.

De momento, y hasta que no se propongan nuevas soluciones, llantos y gritos seguirán haciendo de despertador a cientos de familias. Parece que los padres no es que no quieran cambiar el comportamiento de sus hijos, es que “no les da la gana”.

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