Quedarse con las ganas

 

La sociedad ha cambiado. Nuestras madres, que se casaron jóvenes y nos criaron sin llegar a los 30 años, ven ahora la decrepitud de una sociedad envejecida donde, por primera vez, faltan niños. De poco sirve que el gobierno busque incentivar la natalidad, cuando el cambio se ha producido sobre todo en la forma de ver el mundo.

Quizá todo esto se deba a la desigualdad que, a día de hoy, aún existe entre hombres y mujeres, por ejemplo en su lugar de trabajo, donde las mujeres cobran un 24% menos que los hombres y además, tienen la inseguridad de que, si son madres, pueden estar aún más cerca de la calle. Por eso muchas, aunque quieran quedarse embarazadas, no lo hacen.

A todo esto se añade ahora una nueva situación, de la que antes no se hablaba y de la que ahora poco se dice: las enfermedades femeninas que, silenciosamente, afectan a tantas mujeres y en muchos casos, provoca infertilidad. Algunas, como el Virus del Papiloma Humano (VPH), tuvieron repercusión en su momento y poco a poco su importancia en los medios ha ido desapareciendo hasta convertirse en ‘otra más’. A otras, como la endometriosis o los ovarios poliquísticos, se les da tan poca relevancia informativa, que poco importa la cantidad de casos femeninos de infertilidad relacionadas con ellas.

No interesa que un 10% de mujeres en edad reproductiva sufra de endometriosis y que sus dolores menstruales sean tan fuertes que un Nolotil no baste para calmarlos. Poco importa que un 75% de mujeres con ovarios poliquísticos sea infértil, sin contar las abundantes reglas irregulares, ni el problema del vello, duro y fuerte como el de una barba, que les puede producir los anticonceptivos que toman.

Se puede pensar que esto ocurre porque ‘son enfermedades que no afectan a los hombres’. Ni siquiera el Papiloma, del que pueden ser portadores, les genera patología alguna. Pero es algo más profundo que todo esto.

Reside en una sociedad donde se ve normal que te duela la regla, donde no se recuerda la importancia que tiene que las mujeres vayan al ginecólogo a menudo y se les dice que tomen la pastilla anticonceptiva, sin avisarles realmente de la cantidad de químicos que se meten cada día en el cuerpo, para evitar un embarazo no deseado. Una sociedad donde las partes púdicas del ser humano siguen estando estigmatizadas en todas sus formas, tanto en lo sexual como en la salud. Las enfermedades que, de una forma u otra, se relacionan con las partes femeninas o masculinas que tiene todo ser humano, son precisamente de las que menos se habla.

Debemos cambiar esto. Debemos hacer caso a esa frase que repiten los médicos de ‘inspeccionar nuestro cuerpo para notar si algo va mal’. Preguntar, informarnos, informar. Y quizá así concienciarnos de estas enfermedades que pueden afectar a cualquier mujer: a tu hermana, a tu mejor amiga, o a ti misma.

Si cada mujer fuese al ginecólogo para resolver sus dudas, se podría conseguir que todos estuviésemos más informados y que se invirtiese más dinero para buscar una solución a estas enfermedades. Y así poder evitar que, cuando una mujer quiera ser madre, se tenga que quedar con las ganas.

María José Frutos, Patricia Galiana, Clara García, Eduardo Melero

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