Risas en la intimidad de un casino

 “La risa es un tónico, un alivio, un respiro que permite apaciguar el dolor.” Qué gran verdad dijo el que está considerado como la leyenda del humor, Charles Chaplin. El hombre de los zapatos extremadamente largos que combinaba con pantalones anchos y chaqueta estrecha. El hombre del bigote pequeño, del bastón de bambú y  al que mejor le sentaba el bombín, aunque no sé si Joaquín Sabina estará de acuerdo con esto. Esta figura empezó a hacer reír a la gente en el año 1914, y a día de hoy, en pleno 2016 sigue haciéndolo. Lo difícil no es hacer reír, sino conseguir arrancar unas carcajadas como él lo hizo: de una forma completamente muda; qué irónico, ¿no? También con la mandíbula desencajada nos dejó el cómico Julio A Secas, aunque él se define como “un showman, un hombre de show”, en la inauguración de la quinta temporada cultural del Círculo Agrícola de Villena.

El Círculo Agrícola Mercantil Villenense lleva a cabo todos los años actividades culturales y sociales de forma gratuita para los habitantes de la ciudad.

Una escalera puramente barroca conduce hasta la sala de eventos del casino de Villena. Nada parece indicar que estamos en un lugar donde el juego, el vicio y la ambición se dan de la mano. Todo lo contrario, más bien parece que nos encontremos en una sala de cabaret. Iluminación tenue. De fondo suenan The Beatles. Sillas negras de plástico; mesas pequeñas redondas y de cristal que están presididas por una vela, que lucha por no consumirse, son las que visten la sala, pero no son la única decoración. También sus paredes están llenas de cuadros del pintor José María Brotons Llopis. Lienzos coloridos, geométricos y puramente abstractos, pero llenos de vida. Obras que contrastan con las esculturas de Joaquín Llorens Santa, ya que están fabricadas por un material frío, duro e inexpresivo en su origen, como es el hierro; y más si es hierro reciclado, un material inservible en el que Joaquín es capaz de ver algo nuevo y crearlo. “Cuando hago arte soy yo”, así se describe el propio Llorens Santa. Y al fondo a la izquierda, como queriendo pasar por desapercibido se encuentra el escenario, con complejo de tímido y de pequeño.

Cuatro temporadas de aplausos son ya las que ha vivido esta sala. Esta noche se da el pistoletazo de salida a la quinta. “Lo que pretendemos con ella es lo que hemos pretendido en temporadas anteriores, que es que la gente disfrute aproximadamente una hora u hora y media, y que además tenga alguna actividad de ocio o de cultura a la que acudir sin salir de Villena”, argumentó José Carlos Payá, director y responsable de las jornadas culturales.

El espectáculo empezaba a las 22:30 horas, pero no iba acompañado de la puntualidad inglesa ya que empezó veinte minutos más tarde. La sala estaba llena, éramos aproximadamente unas 50 personas y lo sorprendente era que más de 30 sobrepasaban los 70 años, en el resto ya existía variedad.

Se apagan las luces de la sala, se encienden las del escenario y aparece Julio A Secas. Pisa con seguridad las tablas ya que empieza su show con chistes de políticos, chistes que da igual la persona, el color o el partido que defiendas porque te vas a reír, es inevitable. “Aunque lleve más de 15 años de carrera nunca me he considerado un monologuista, yo me dedico más a la comedia pura y dura”, se define Julio. Pasión, energía, vida, amor y positivismo es lo que el cómico derrocha en el escenario. Nos incita a la interacción, a la participación, nos deja escoger la temática del chiste. No hay guion.

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Julio A Secas ofreciendo su espectáculo al público que asistió a la inauguración de la quinta temporada cultural del Círculo Agrícola Mercantil Villenense / C.Aznar

Finaliza la primera parte del show. Se vuelven a encender las luces de la sala, ahora ya no suenan The Beatles. Ahora pasamos al dance. Han sido 45 minutos de carcajadas incesantes, de risas de distintas tonalidades. Tras un descanso de 12 minutos vuelve a aparecer Julio A Secas en el escenario. Empieza esta segunda parte como lo haría Alejandro Sanz: Pisando fuerte. Empieza con chistes finos pero picantes. Es el turno del humor verde. Los septuagenarios no se estremecen, al revés, son los que más se ríen, menuda marcha hay montada… ¡sorpresas te da la vida! Intentamos ponernos serios, aunque monólogos, chistes y seriedad no casan. Dejamos a un lado todo aquello de color verdoso, nos centramos en el cine y en la televisión. “Los cómicos de ahora son los futuros actores cómicos de este país, y de hecho ya se está viendo, por ejemplo, con Dani Rovira. Cada uno tiene un talento y un don, y el cine funciona con perfiles, funciona con estilos de monólogos, funciona con el carisma, funciona con la fama que te hayas ganado antes”, confiesa el cómico. Los minutos pasan y el hambre aprieta, por ello no puede evitar cerrar su show con su chiste estrella, el chiste del pan. “Es el que me dio el empujoncito”, reconoce Julio A Secas.

“Si a mí me hace reír tengo que lograr que eso haga reír  a los demás”, explica el humorista Julio A Secas.

“Una mezcla entre José Mota y Jim Carrey”, así se describe Julio. Un grande de España y otro grande de América del Norte. Hacer llorar es fácil, hacer reír es muy complicado y hacer llorar de la risa es tarea para profesionales, tarea que el propio Julio A Secas bordó con sobresaliente, aunque habiendo trabajado en El Club de la Comedia o en El Club de los Increíbles y de la mano de los grandes profesionales de este país como Dani Rovira o El Monaguillo, todo tiene su lógica. La clave para hacer reír a los demás ya la conoce: “A la hora de contar un monólogo lo que hago es basarme un poco en las cosas cotidianas y a veces hay que poner cosas que si a mí me hacen reír, tengo que lograr que eso haga reír a los demás”, manifiesta Julio. Se dedica al humor porque las personas lo necesitan tanto como él. “La risa y el humor es una forma de vida. Es mi forma de vida. Es una vía de escape en este mundo en el que vivimos. Solo hace falta poner las noticias para darte cuenta de ello”, explica Julio A Secas.

Julio se baja del escenario. Las carcajadas dejan de sonar, y el mítico “otro, otro, otro…” inunda la sala. Ahora solo queda el recuerdo, pero Show must go on. Ahora solo queda seguir riendo, porque como decía Charles Chaplin: “A fin de cuentas, todo es un chiste.”

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