“Si la transexualidad fuera una enfermedad a mi me darían una pastilla y se me pasaría, pero no se me tiene que pasar nada”

Aitor Álvarez, transexual en proceso desde hace un año.

Aitor Álvarez lleva un año en proceso para cambiarse de sexo.

Aitor Álvarez lleva un año en proceso para cambiarse de sexo/ cedida por A.Álvarez

Audio

Aitor Álvarez es un joven mallorquín de 20 años que el año pasado decidió iniciar el proceso para cambiarse de sexo. En apenas tres meses, su endocrino le dio el visto bueno para comenzar lo que más deseaba en su vida. Actualmente, ya hace un año que sigue un tratamiento por el que tiene que inyectarse testosterona cada 24 días durante el resto de su vida. Aitor Álvarez considera que hay mucha confusión en torno a la transexualidad, además de falta empatía con las personas que quieren cambiar de sexo.

Pregunta: ¿Cuál es el primer paso que toma una persona para iniciar el cambio de sexo?

Respuesta: En mi caso, fui al médico de cabecera y le comenté que quería tener una cita con el endocrino porque quería cambiarme de sexo. El médico me dijo que pidiera un volante y expusiera el motivo de la cita. Me dijeron que dependiendo del asunto podría tardar hasta tres meses. Afortunadamente, me llamaron al día siguiente dándome cita para septiembre.

P: Tras la cita con el endocrino, ¿qué fue lo siguiente?

R: Le expliqué mi situación y simplemente me derivó a la psiquiatra y a la psicóloga. Primero fue la psiquiatra en el mes de octubre y en noviembre la psicóloga. Tras un par de semanas, volvió a llamarme la psicóloga para decirme que todo estaba correcto y que sería mi endocrino que me recetará las hormonas que tendría que pincharme cada 24 días.

P: ¿Es habitual que en tres meses puedas iniciar el proceso?

R: No. En Barcelona, por ejemplo, tienes que estar un año en tratamiento psicológico. En este sentido he sido muy afortunado.

P: ¿Ha tenido algún problema en su vida diaria por tu transexualidad?

R: Antes de iniciar el cambio sí. Yo le conté a mi expareja la situación desde el primer momento y ella siempre me decía que mi transexualidad era algo pasajero que se me acabaría pasando. Siempre intenté explicarle que no era así, que realmente quería ser un hombre y que no se me tenía que pasar nada. Ella nunca entendió mi situación y la relación terminó.

P: En su ámbito familiar, ¿aceptaron su transexualidad desde el primer momento?

R: La familia de mi padre lo aceptó muy bien pero la familia de mi madre, y sobre todo mi madre, no tanto. Cuando empecé con las hormonas justo falleció mi abuela de Galicia que son de una aldea de allí. Mi madre ni siquiera les dijo que me gustaban las chicas y mi apariencia en aquel momento ya dejaba ver o que era un chico o que me iba a cambiar. A pesar de esto, mi madre nunca quiso decirlo y tenía que aparentar que no era así. Por ejemplo, no podía decir que me llamaran Aitor. Hace un par de semanas, mi madre se lo tuvo que contar a mi abuelo porque se viene a vivir a Mallorca y mis cambios ya son más que evidentes: tengo barba, mi voz es mucho más grave…etc. Con mi madre ha sido muy difícil la situación porque le importa mucho la opinión de la gente. Ella me seguía llamando por mi otro nombre, era algo que no soportaba y me enfadaba muchísimo.

P: ¿Y en el ámbito laboral?

R: El único problema que tuve fue cuando empecé a trabajar en una tienda de un mercado donde el jefe tenía una mentalidad muy cerrada y chapada a la antigua. Cuando llegué me presentaron como Aitor pero en mi DNI y en la Seguridad Social tengo mi otro nombre femenino. Esto me hizo tener que aguantar comentarios del tipo: “nunca vas a poder ponerte nada ahí abajo” y cosas por el estilo. La situación llegó a agobiarme mucho pero en ese momento necesitaba el dinero, así que aguanté hasta que pude irme a otro sitio. De ahí me fui a trabajar a McDonals donde siempre me han respetado y me han tratado en masculino.

P: ¿Tiene pensado operarse completamente?

R: El pecho sí, pero el pene por ahora no. Creo que la faloplastia es una operación muy complicada y todavía no hay avances que me haga decidirme a exponerme a ese riesgo. Hay gente que tiene tanta disforia de género que sí se opera. En mi caso, esto no me afecta tanto, el pecho si que quiero quitármelo pero primero tengo que ahorrar para poder pagarme la operación. Esto puede resultar raro. Mucha gente me dice “si empiezas algo, acábalo”. Pero no es tan fácil. No quiero operarme y tener algo que no es lo que esperaba.

P: ¿Qué opina de que haya que esperar dos años para que una persona transexual se cambie el nombre en el DNI ?

R: Es demasiado. A los seis meses de estar en hormonas te cambian muchísimo las facciones y la voz. Incluso hay gente que no necesitan ni seis meses. En mi caso, por ejemplo, me ha pasado muchas veces que al ayudar a alguna persona mayor en el supermercado y me digan “gracias rey”, tratándome directamente en masculino. Por eso creo que es absurdo esperar tanto tiempo. Lo de los dos años lo hacen por si te echas para atrás en el cambio, pero muy pocas veces ocurre eso.

P: ¿Es un inconveniente para una persona transexual que está en pleno proceso de cambio el hecho de tener que utilizar su antiguo nombre para cualquier trámite legal?

R: Es como si tuvieras la necesidad de dar explicaciones. La última vez que fui al banco, entregue el DNI, me pusieron cara rara y me preguntaron si era mi nombre real. Le tuve que explicar a la chica mi situación y muy amablemente lo comprendió. Incluso me dijo que pensaba que mis padres me habían puesto un nombre de chica. Para mi, estas situaciones, en parte, son un halago porque quiere decir que para los demás soy un hombre y eso es lo que pretendo con todo este cambio. Pero también, el tener que dar explicaciones constantemente es como la necesidad de llevar un cartel en la frente que ponga: “soy trans”.

P: La Organización Mundial de la Salud considera la transexualidad como una patología, ¿lo es?

R: Si fuera una enfermedad me darían una pastilla o un pinchazo y se me pasaría, ¿no?. Pero es que a mi no se me tiene que pasar nada. Nosotros pasamos por profesionales que determinan que tenemos un trastorno en nuestra identidad de género. Es una burrada considerar que somos unos enfermos. A todos los que creen que es una enfermedad debería pasarles para que vean que es algo que simplemente pasa y ya está.

P: Desde su punto de vista, la televisión, por ejemplo, ¿debería ofrecer más contenido sobre este tema?

R: Totalmente. En general, creo que la gente no se informa, entonces hay mucha confusión en torno a la transexualidad que llega a confundirse con travestirse. La transexualidad no es fácil, tiene que pasar por muchas cosas: pincharte, tomar pastillas de por vida y una serie de operaciones que estoy seguro que mucha gente no lo haría. Encima, no es algo por gusto, es que no te sientes bien con tu cuerpo ni con tu vida. En mi caso, mi madre comprendió mi transexualidad gracias al reciente caso de un joven transexual en el programa “Cámbiame” de Telecinco. Le hizo reflexionar hasta el punto que me ha pedido perdón por no haberme apoyado desde el principio y que se sentía muy orgullosa de mí. Fue un cambio muy radical pero supongo que todo lo bueno se hace esperar.

P: ¿La sociedad entiende la transexualidad como una forma más de diversidad humana?

R: Yo nunca he tenido problemas para pensar que la sociedad nos considere enfermos. Aunque con mi antiguo jefe tenía que soportar ciertos comentarios, el resto de gente con la que he tratado lo han aceptado muy bien. En mi opinión, creo que el problema es que hay una falta de empatía por parte de muchas personas, de saber ponerse en el lugar del otro y saber que no te sientes a gusto con tu vida porque has nacido en un cuerpo que no te corresponde.

Eva Moya, Jorge Miró y Laura Sala.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *