Sobre el terreno

Los refugiados deambulan por un limbo mediatizado en el que la realidad queda detrás de las pantallas y son las asociaciones las que acuden a ayudar desde un lado humanitario

Diferentes situaciones de “película” se repiten en el día a día de los voluntarios que viajan al lugar del conflicto y de los hechos. Los imprevistos que suceden en estos paisajes deshumanizados por algunos medios ponen obstáculos en la labor que desempeñan llegando a sentirse como auténticas “cobayas en un laberinto”. En “Un día perfecto“, la última película de Fernando León de Aranoa, las asociaciones intentan paliar  desde un lado humanitario las injusticias del conflicto de los Balcanes. Una de las protagonistas del filme insta en una reunión: “la gente aquí necesita agua”, cuando Naciones Unidas le prohíbe limpiar los pozos para que los ciudadanos se abastezcan del único recurso disponible. Muchos disparates como este se repiten no solo en los cines, sino sobre el terreno.

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De izquierda a derecha: Nuria Oliva (RAFAR), Sama (Asociación Solidaridad con el Pueblo Sirio) y José Ramón Samper (Cruz Roja Alicante) en una reunión de coordinación | SÁNCHEZ DÍAZ-HELLÍN

La Red Alicantina de Familias de Acogida de Refugiados (RAFAR) es fruto de la movilización de personas que quieren hacer un llamamiento a Europa y colaborar en la medida de lo posible con los protagonistas y principales sufridores de una de las actuales crisis humanitarias, la de los refugiados. Ante esta llamada de ayuda humanitaria RAFAR se ha desplazado al escenario de los hechos. El 15 de octubre un grupo de voluntarios de esta red partió desde Alicante en una Caravana Solidaria para llegar a Calais (Francia) y desde allí gestionar la ayuda que han transportado desde Mutxamel, uno de los puntos de recogida en la provincia de Alicante. Sin embargo, la ruta toma diferentes caminos ante una situación que cambia cada 48 horas. Ese mismo día se celebró en Bruselas la segunda cumbre europea dedicada a la crisis de los refugiados en menos de un mes.

Juan David Sempere es profesor del departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante y expone cómo los jefes de Estado y de Gobierno están preocupados por cómo restablecer el control de las fronteras exteriores y proceder a expulsar a las personas que no cumplan los requisitos para permanecer en Europa. “La internacionalización de las fronteras de la UE es lo que realmente está poniendo freno y dificultades a las migraciones actuales. Los estados no pueden garantizar la seguridad de las personas que acuden a ellos y las medidas de la UE están totalmente desbordadas por la situación de emergencia”. Según Sempere, “ante este agravante, la cuestión a estas alturas plantea intervenir a varios niveles: rescatar a las personas que están deambulando y colaborar en la estabilización de los países en guerra”. Es en el primer nivel en el que diferentes asociaciones han puesto en marcha planes de actuación para cooperar.

“Es impresionante lo que encontramos allí, los refugiados están esperando hasta diez horas para poder entrar a un campo a comer o a lavarse”, según asegura Nuria Olvia de RAFAR

Mientras, los líderes de diferentes países planean el reforzamiento de su capacidad para repatriar a quienes no consigan papeles para una estancia legal. Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia –el llamado grupo de Visegrado- ya han decidido crear equipos conjuntos para patrullar la frontera con Serbia. RAFAR planteó en un principio la ruta hacia este último país, pero Nuria Oliva (coordinadora de la iniciativa) narra cómo “los compañeros que fueron a reconocer la zona no lo vieron viable. Ahora mismo la aglomeración está en Alemania, es impresionante lo que encontramos allí, los refugiados están esperando hasta diez horas para poder entrar a un campo a comer o a lavarse”.

El punto más delicado sigue encontrándose en Turquía. Allí estuvo Irene Escudero como activista en SAED Charity (asociación local siria), concretamente en Reyhanli (localidad fronteriza con Siria) para realizar un “workshop” de comunicación y periodismo para la paz con estudiantes sirios refugiados. Familias enteras, profesionales altamente cualificados, jóvenes estudiantes… En definitiva diferentes perfiles huyen de su ciudad, de su universidad y dejan, entre otras cosas, los estudios inacabados. Escudero quería que esos estudiantes tuviesen poder de información para comunicar al mundo entero lo que estaba sucediendo. “Tienen ansia por contar las cosas, son ellos los que se tienen que enfrentar al mundo y es necesario conocer todas las realidades y las técnicas para hacerlo”, cuenta Escudero. Tuvo la oportunidad de conocer una realidad local que refleja el limbo por el que se mueven. “Hay que tener en cuenta que están fuera de sus ciudades. Todo movimiento es supervivencia, y eso es lo que hacen, moverse. Intentan llegar a Europa de múltiples formas, dependiendo de donde tengan familia, pero hasta donde pueden llegar es una incógnita”.

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Nuria Oliva en la primera asamblea de RAFAR | SÁNCHEZ DÍAZ-HELLÍN

Muchos de ellos tienen el sueño alemán en la cabeza. Pero la realidad que se encuentran una vez que consiguen llegar difiere mucho de ese ideal. “La gente duerme en las calles de Berlín, de Calais, de Eslovenia y de muchas otras ciudades europeas,  con temperaturas bajo cero”, asegura Oliva. “Para la policía alemana son sólo números”. Para los voluntarios, la causa que despierta la impotencia como sentimiento continuo.

Mientras esperan los trámites, nadie sabe qué pasa en ese limbo, ni quién se hace cargo de ellos. Las autoridades no creen en las iniciativas ciudadanas y los voluntarios no dan crédito a lo que ven. Oliva asegura que ante la realidad que están viendo día a día crece esa impotencia: “La norma es que si se identifican en Alemania, se quedan en Alemania. Ángela Merkel continúa con su plan mientras deambulan tirados en los parques y en las calles. Cuando se les deniegue el asilo por exceso en la cuota los expulsará a Turquía”. Los avances repentinos propuestos por la canciller alemana hace dos días respecto a la adhesión de Turquía a la UE llevan consigo el permitir devolver a territorio turco a migrantes irregulares detenidos en la UE si han llegado por esa vía. Este hecho se ha cuestionado y  Amnistía Internacional lo denunció en un comunicado como un “acuerdo diseñado para proteger las fronteras externas de la UE y no los derechos de los refugiados”.

“Quienes se han hecho cargo de mantener la sociedad a nivel alimentario, sanitario y educacional han sido organizaciones locales”, atestigua Irene Escudero

El papel de las Naciones Unidas en el conflicto queda en entredicho en la citada película de León de Aranoa. Tan sólo unos años después Escudero recalca: “cuando empezó la guerra en 2011 había una sede de Naciones Unidas en Reyhanli, en 2013 se produjeron dos atentados terroristas, para Naciones Unidas era una zona de alto peligro, cerró la oficina y se marchó. Quienes se han hecho cargo de mantener la sociedad a nivel alimentario, sanitario y educacional han sido organizaciones locales”. Resulta paradójico que lo que se reclama en otros países como Eslovenia sean más voluntarios. Iva Marcetic, portavoz de la red de organizaciones humanitarias Welcome Initiative, declaró desde Trnovec al diario El País que “no hay suficientes voluntarios para organizar el flujo de llegadas”. De nuevo una incongruencia que alimenta esa impotencia de no tener acceso o el poder necesario para poder ayudar y de ver cómo la burocracia ralentiza la toma de decisiones en el campo.

De una forma u otra, desde RAFAR Oliva tiene claro que quizás no puedan cumplir todos los objetivos. Pero de algo sí tienen la certitud: “Por donde pasemos recordarán que en nuestro país nos hemos preparado y no vamos a esperar a que nuestro gobierno reaccione”. Parafraseando a Benicio del Toro en “Un día perfecto”: “Estamos aquí para ayudar”.

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