Superando retos

“¡Fouetté en tournant, effacé devant, Ecarté!”, dice la profesora del Club Marta Baldó de Gimnasia Rítmica, mientras pasea pausadamente por la maqueta de un amplio pabellón deportivo, que me recuerda al lugar donde daba las clases de Educación Física en el colegio. Junto a la pared hay cuatro barras de unos dos metros de altura que hacen de apoyo a 24  jóvenes que preparan su próxima competición.

Marta Berrios, profesora del Club Marta Baldó en el entranamiento previo a la competición nacional

Marta Berrios, profesora del Club Marta Baldó en el entrenamiento previo a la competición nacional / L. CARRIÓN

Mientras la profesora Marta Berrios, con su dulce voz, va mencionando posiciones del cuerpo de ballet, los estudiantes extienden lentamente una de sus piernas hasta que las puntas de sus pies toman una posición curvada y mirando hacia el techo del pabellón. Poco a poco vuelven a situarse con los dos pies sobre la tierra y toman una posición erecta del cuerpo, elevan los brazos como las alas de los cisnes antes de abordar su vuelo y comienzan a dar varios giros seguidos poniendo todo el peso del cuerpo sobre las puntas de sus pies. Durante este movimiento, la profesora va caminando y corrigiendo la postura de los alumnos, advierte con un tono elevado: “Mari Carmen, levanta la pierna izquierda no la derecha”. La alumna rectifica y sonríe. La profesora, continúa su paseo y corrige al único chico de la escuela, de aparentemente unos 10 años: “David, estira más ese brazo sin hacer el payaso”. El niño cuidadosamente corrige su posición sin rechistar, mientras la música de fondo se va consumando entre el murmullo de los bailarines.

Las alumnas elevan los brazos como las alas de los cisnes antes de abordar su vuelo y comienzan a dar varios giros seguidos

David Pérez, compitiendo en la categoría masculina alevín con el elemento de pelota / L. CARRIÓN

David Pérez, compitiendo en la categoría masculina alevín con el elemento de pelota / L. CARRIÓN

Llega el autobús a la zona deportiva del pabellón Centro Deportivo Siglo XXI en Zaragoza. Nervios, empujones y sonrisas irradian en las caras de los alumnos del club que están a punto de ponerse en frente de un jurado para demostrar lo que son capaces de hacer. En la parte izquierda del escenario hay un enorme biombo que separa el tablado de la sala de preparaciones. Las profesoras, con un pequeño toque, maquillan los mofletes de las niñas, que están eufóricas e intranquilas. Es hora de salir al escenario, la inquietud y el ajetreo llenan la moqueta en la que calientan los niños. Saltos, gritos y muchas ganas.

“El maillot no es sólo para una bailarina”, manifestó Laura Ortega

Me llamó la atención el número de niños que presencié en el acto. El Campeonato de España de Gimnasia Rítmica llevó un total de 540 pequeños a competir en diferentes categorías y con distintos elementos como: las mazas, la pelota, el aro, la cinta o un baile con manos libres, es decir, sin elemento alguno. “El maillot no es sólo para una bailarina”, manifestó Laura Ortega, madre de David Pérez Ortega, uno de los concursantes del Club Marta Baldó de La Vila Joiosa, que representó a la escuela por segundo año consecutivo en la categoría masculina absoluta alevín. Eligió la pelota como objeto y la deslizaba recorriendo su cuerpo, desde la punta de los dedos hasta el cuello en dos segundos, con un sutil y delicado movimiento. El ritmo de la música unido al movimiento del niño daba sensación de que su cuerpo fuese a quebrarse con sólo mirarlo.

Tras acabar la competición, llegaron los premios. Llegó la hora del almuerzo, un bocadillo entre la espera y el recuento de puntos para los bailarines. David alcanzó el tercer puesto. Se llevó el bronce a su casa bajo el brazo. Cuando la noticia se hizo pública, el niño dio saltos, movió la cabeza de izquierda a derecha, miró a su madre, abrazó a su profesora y corrió alegremente directo al podio. El primer ganador, Álvaro Pino, lloraba de alegría mientras levantaba la copa de oro con las manos. El público aplaudía con energía, mientras se oían gritos con su nombre.

El ballet y la gimnasia rítmica y artística masculina van conquistando las calles y van ganando fuerza entre la gente. “Sean hombres o niños, poco se ven. En la sociedad sucede algo parecido a las películas”, se lamenta la profesora Marta Berrios. Como ocurre en Billy Elliot, en la realidad hay una minoría entre la población infantil masculina con el deseo de aprender. En la representación, el niño con ayuda de la profesora, supera las barreras generales que le frenan para alcanzar su objetivo. David es uno de tantos que intenta alcanzar su meta y sueño con esfuerzo, dedicación y marcas de sacrificio en la piel.

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