Tiempo de magia, tiempo de soñar

Y de repente, entras al mundo de la ilusión donde todo son sonrisas y caras de felicidad. La crisis no existe, no hay pobreza ni guerras en el mundo, ni siquiera se oye hablar de las próximas elecciones. Familias al completo, incluidos los abuelos que acompañan a sus nietos para enseñarles con ilusión la ya tradicional Fira de Santa Llúcia.

Los Caga Tió son lo más vendido de la Fira / Tania Colás Dalda

Los Caga Tió son lo más vendido de la Fira / Tania Colás Dalda

Bajar por Portal de l’Àngel ha sido difícil, pero ordenado (me refiero a esa buena costumbre catalana de andar por carriles). Todos hemos caminado ilusionados hacia la Fira, rodeados de luces y maravillados por un gran pino decorado por Swarovski. Además, al principio de la calle nos han dado butifarra gratis y claro, eso siempre anima, por lo que todos hemos disfrutado del recorrido entre pisotones y empujones.

Un cartel bien grande indica que estás a punto de entrar al Lugar. Una vez dentro solo puedes encontrar a niños embobados y a padres embelesados disfrutando juntos de un mundo de magia y de ilusión. Figuritas para el belén, decoraciones navideñas e incluso árboles naturales expuestos para que los asistentes trasladen la magia a sus hogares.

Para ello, decenas de artesanos se han concentrado en la plaza para mostrar su trabajo, una labor de la que muchos de ellos viven. “Cada año exponemos con más amor que el anterior, el cariño de la gente y la cara de los niños hacen que siempre queramos volver”, relata Matías, dependiente del puesto de Artesanía Catalana.

En el primer pasillo, encontramos las figuritas del belén hechas a mano completamente y expuestas por sus artesanos con gran orgullo. Pero, hay un puesto que destaca por su singularidad y que provoca un gran atasco en esos carriles que se siguen manteniendo incluso dentro de la Fira. Se trata de Caganer. Todos los niños y no tan niños se agolpan mirando cómo no solo los personajes navideños se encuentran en esta postura, sino todos aquellos de actualidad como Pablo Iglesias, Manuela Carmena, Artur Mas o Fernando Alonso, entre otros más ilustres como don Quijote, Nelson Mandela o Pablo Picasso. Se oyen risas y se ven caras de asombro por lo bien caracterizados que están. Eso es lo que provoca que el dependiente no pare de recibir halagos y tenga que pedir que no se agolpen porque sino las ventas no aumentan.

“Comprar el Caga Tió es una tradición familiar que quiero que sigan mis hijos y que la transmitan a mis futuros nietos”, explica Laura que se está llevando el tronco más grande del puesto.

Una vez consigues dejar de descubrir nuevas figuras y salir de la aglomeración, abandonas el mundo del belén y te introduces en el del árbol, donde por fin comprendes que la navidad catalana es diferente. Mires hacia donde mires solo observas al Tió de Nadal por todas partes y, es que como explica Laura, que se está llevando el tronco más grande del puesto, “comprar el Caga Tió es una tradición familiar que quiero que sigan mis hijos y que la transmitan a mis futuros nietos”.

Pero, las tradiciones ya no son lo que eran. Antes estos troncos traían pequeños regalos, ahora los padres se las tienen que ingeniar para que los niños no descubran que los grandes regalos se encuentran debajo de la manta. Y es que, en este ambiente de tradición e ilusión también se respira un ambiente consumista propio de estas fechas.

En este ambiente de tradición e ilusión también se respira un ambiente consumista propio de estas fechas.

La visita termina con un pasillo lleno de música donde las zambombas y las panderetas son compradas sin parar. También, inventos más novedosos como pinos bailarines o Papa Noel roquero. Aquí, sí que se respira auténtica Navidad, esa que recuerda al hogar cuando te encuentras en la casa de tu abuela con tus primos cantando villancicos sin ritmo pero con amor, con muchísimo amor. Y justo cuando te encuentras inmersa en tus pensamientos, empiezas a oír a un grupo de personas cantando villancicos. Se trata de un grupo de estudiantes de medicina que han decidido amenizar la velada cantando villancicos para recaudar dinero para el hospital. Ahí es cuando mueres de amor, cuando te das cuenta que el espíritu navideño es sinónimo de amor.

La Fira no deja de ser algo propio del espectáculo navideño. Puede incluso que recuerde a una película de Hollywood donde el color y la ilusión invaden el escenario. Pero, a veces, un poco de “luces, cámara y acción” tiene que ser necesario para dejar atrás la realidad.

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