«El dinero del juego es el impuesto más dulce que pagamos los españoles»

 

 

Juan José Lamas Alonso / Director Técnico de FEJAR / Audio

Más de 500.000 personas en España la padecen. A lo largo de su existencia ha vivido épocas de mayor y menor incidencia, pero siempre ha estado ahí. Hoy, en la incubadora de la crisis económica ha conseguido adaptarse a la vorágine de internet y su propagación está alcanzando niveles preocupantes incidiendo, sobre todo, en su nueva víctima preferida: los menores de edad. Y no es fácil escapar de ella. La ludopatía pone en juego el dinero, la familia, el amor y los sueños de todo aquel que vive sometido a esta azarosa enfermedad.

Pero no está todo perdido; hay esperanza y remedio. La Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), operativa desde febrero de 1991, está compuesta por 26 asociaciones que luchan contra la adicción a las tragaperras, casinos, bingos, apuestas deportivas y otras modalidades lúdicas que llevan a perder el control del 1,1% de la población. Su director técnico, Juan José Lamas Alonso (Vigo, 1953), licenciado en Pedagogía en la Universidad de Santiago de Compostela, advierte de la «absurda» Ley de Juego actual, distante de la eticidad y permisiva con la abundante publicidad sobre casas de apuestas que se puede apreciar en cualquier medio de comunicación actual.

Pregunta: FEJAR revela que algo más de medio millón de habitantes está afectado por la enfermedad de la ludopatía. ¿Qué tiene el mundo del azar que atrapa tanto?

Respuesta: Hay que entender que el juego es una actividad lúdica que supone un mecanismo de aprendizaje esencial para todas las personas a edades muy tempranas. No obstante, cuando está relacionado con el azar tiene unos componentes adictivos muy altos. En primer lugar, porque estamos hablando de dinero en una sociedad sumamente consumista y economicista. A partir de ahí, todo está aderezado con una serie de estímulos que provocan, en base a mensajes subliminales dirigidos a toda la población con publicidad y políticas de marketing, que la gente tenga la tentación de jugar en algún momento de su vida.

Asimismo, en las primeras sesiones de juego se suele tener la suerte del novato. Es decir, hay un refuerzo positivo cuando obtienes un premio más o menos cuantioso que hace que repitas esa actividad para volver a conseguirlo. Al final, todo el proceso se resume en que un sector de los jugadores configura una situación patológica llamada ludopatía.

P: En las últimas fechas vemos proliferar, en horario infantil, muchos anuncios publicitarios sobre casas de apuestas. ¿Qué ocurre?

R: Todo empieza con la regulación, en el año 2012, de la Ley del Juego en España. La legalización de la publicidad de apuestas deportivas trajo consigo un auge en el juego online a través del ordenador. Además, los operadores presenciales como RETA consiguieron el permiso para instalar máquinas de apuestas deportivas en los distintos salones y establecimientos de hostelería de las comunidades autónomas.

En FEJAR no entendemos por qué la publicidad siempre ha estado manejada por los propios operadores y por los medios de comunicación. Tampoco entendemos la utilización de modelos sociales o deportivos, como el tenista Rafa Nadal, para incitar a jugar. Asimismo, es absurdo que equipos como el Real Madrid o el Sevilla luzcan logos de casa de apuestas. Supone un riesgo para los menores de edad, que pueden suplantar fácilmente su identidad en internet e iniciarse en el mundillo.

No obstante, tenemos la esperanza de que la propuesta de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) para regular la publicidad se apruebe. Aunque no es la panacea, va a marcar la posibilidad de penalizar a quien cometa una infracción.

P: Se ha incrementado el número de jugadores jóvenes…

R: Sí, así es. Muy preocupante. A partir de 2013 se ha ido formando una cultura pandillera en los distintos establecimientos que ofertan juegos de azar. Por desgracia y, a pesar de la ley, muchos de ellos no son mayores de edad. Cabe destacar que cada comunidad autónoma tiene una legislación distinta. En los bares no suele haber ningún control, pero en los salones especializados sí suele funcionar el control de acceso y de autoprohibidos.

P: Una vez pasan el filtro, llega la hora de apostar. ¿A qué?

R: Las máquinas de apuestas deportivas están sustituyendo a las tragaperras de hace 24 años. Los chavales llegan a apostar hasta por carreras de galgos en Australia, de los que no tienen ni idea. La mayoría de jugadas son de ese estilo y se caracterizan por la baja inversión inicial y el gran componente adictivo que genera ganar bastante dinero en poco tiempo. Se suelen pasar la tarde metidos en estos sitios. Y ojo, en principio, no es un ambiente insano, pero, muy probablemente, uno de esos jóvenes del grupo acabe desarrollando ludopatía.

P: ¿Es más compulsivo el ludópata de hoy en día que el de antes?

R: Los ludópatas de ahora tienen una percepción del riesgo mucho menor. También hay un caudal de gasto reducido y el periodo de latencia de la enfermedad ha pasado de ser de seis años a ser de uno. Por otro lado, el jugador de ahora se cree que tiene el control. Dice que hace apuestas muy calculadas y estudiadas. Esperan ganarse la vida así. Piensan que no tienen nada que ver con el antiguo perfil relacionado con las máquinas tragaperras o el bingo.

No hay que olvidar que, con las apuestas online, no sé es consciente del verdadero valor del dinero. Al no poder verlo físicamente, las pérdidas parecen más livianas y no hay miedo a volver a jugar para intentar recuperar.

P: ¿Y se puede llegar a vivir del azar?

R: No, es una utopía llegar a pensar en vivir de los juegos de azar. Todos están preparados, pensados y manipulados para que el único que gane a largo plazo sea la casa o la administración. La única manera de ganar es cuando solo juegas una vez.

P: ¿Qué futuro le espera a España con las nuevas modalidades de juego?

R: La cultura del juego está muy instalada en nuestro sociedad. Es el impuesto más dulce que pagamos todos los españoles. El 98% de la población ha jugado en algún momento de su vida y las arcas del Estado recaudan millones de euros con su actividad. Por lo tanto, está claro que la administración nunca va a matar a la gallina de los huevos de oro. No obstante, los índices de prevalencia de ludopatía pasaron del 1,7% de hace 20 años al 1,1% según los últimos estudios realizados. Hay otro proyecto para el primer trimestre de 2016 sobre la prevalencia a nivel estatal. En principio, se espera que dé una cifra similar a la actual. El aumento de los jugadores online se compensa con el descenso de los presenciales.

 

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