Tras la publicidad del edificio maravilla

  • Las viviendas intergeneracionales de Alicante llevan funcionando una década, pero los vecinos defienden que la realidad no es la que se anuncia.
Las Viviendas Intergeneracionales de Alicante fueron diseñadas para que jóvenes y mayores convivieran juntos.

Las Viviendas Intergeneracionales de Alicante fueron diseñadas para que jóvenes y mayores convivieran juntos.

La jubilación es un período convulso para muchas personas mayores. A la deseada llegada del fin del trabajo pronto le llegan otros problemas difíciles de solucionar, como el desplazamiento de la sociedad, el sentimiento de inutilidad y la soledad. El Patronato de Vivienda de Alicante comenzó a desarrollar hace una década un edificio en la Plaza América en el que las personas mayores tuvieran una posibilidad de reintegración, aprovechando un solar que iba a utilizarse para construir un centro de salud, que al final fue construido junto a un centro de día y unas viviendas intergeneracionales.

El concepto de intergeneracionalidad se refiere a integrar a personas de distintas generaciones en un mismo contexto social. Para ponerlo en práctica, desde el Patronato se decidió, de manera pionera en Europa, llevar la intergeneracionalidad a cabo para reintegrar a los mayores en la sociedad. Se planteó que las viviendas fueran ocupadas por una proporción de tres personas mayores y una joven. Algo, que como afirma Mayte Fernández, jefa del Departamento Social del Patronato, era una “barbaridad” para todo el mundo, pero ahora no hablar de ello carece de sentido.

En el edificio, no solo se trata con la idea de la convivencia de jóvenes y mayores, de juntarlos y ver qué pasa, porque, como dice Fernández, eso ya se hizo en otro edificio alicantino en Lonja de Caballeros, con menos viviendas, que fue utilizado como un experimento antes de llevar a cabo el proyecto de la Plaza América. En la idea final se incluyeron otras como la de realizar talleres de gimnasia o informática, impartidos por los jóvenes del edificio, que tuvieran como fin actualizar la forma de vida de los más mayores.

Algo que, para María José Pastor, antropóloga social de la Universidad de Alicante, es algo “fundamental”, ya que lo peor que le puede pasar a los mayores es “quedarse todo el día sentados en casa viendo la televisión”, porque necesitan sentirse activos, no solo en un sentido físico, sino en un sentido social, en la interacción con otras personas. Desde fuera, el proyecto parece idílico, algo en lo que coincide Pastor, ya que está hecho a medida de los mayores.

Los mayores tienen a su alcance muchas posibilidades para evitar la soledad.

Los mayores tienen a su alcance muchas posibilidades para evitar la soledad.

Desde dentro, no es oro todo lo que reluce. Ramón de la Ossa, vecino jubilado y presidente de la comunidad, afirma que desde el Patronato y el Ayuntamiento se hace una publicidad engañosa del funcionamiento del edificio, ya que los recursos que este ofrece, como las salas de cine o informática, no son apenas usadas por los jubilados, aunque según él ambos organismos utilizan como argumento el equipamiento del edificio para justificar o tapar otras deficiencias.

Una de las mayores críticas que se realizan por parte de los vecinos es la subida que tuvo el alquiler en los contratos finales, que pasó de los 125 euros mensuales que estaban proyectados a 225. Algo que, según De la Ossa, es culpa del exconcejal Cabezas, del Partido Popular, que fue el que decidió subir el precio de los alquileres porque “era muy barato”. El presidente se queja principalmente de que no se tiene en cuenta a la gente que apenas tiene recursos, para la cual estaban diseñadas las viviendas en teoría. “Si la pensión mínima son 364 euros, y una persona tiene que pagar con ella 225 de alquiler más la luz y el agua, ¿cuánto le puede quedar para comer?”. De la Ossa asegura también que ante las quejas que han realizado los vecinos por estas circunstancias, el Ayuntamiento les ha dado largas o les ha contraargumentado con las otras posibilidades que ofrece el edificio, pero como él afirma, “una clase de informática no te da comida”.

Los vecinos se quejan de que el Ayuntamiento del PP usara el equipamiento como solución a los problemas porque “una clase de informática no te da comida”

La situación no es crítica para todos los vecinos, ya que la media de las pensiones de los jubilados del edificio ronda los 600 euros, pero los hay que no pueden quedarse de brazos cruzados. El propio presidente afirma que “podría tener ahorrados 100 euros”, pero que no los tiene porque no puede soportar que otro lo pase mal y les pasa el dinero “bajo cuerda”. Aún así, en cuanto a los políticos de la ciudad, De la Ossa mantiene la esperanza ya que han entrado partidos nuevos al Ayuntamiento. Aunque se muestra dubitativo respecto a que estos puedan hacer algo diferente, reconoce que del Partido Popular ya no esperaba que les ayudara en nada, porque “conocían la situación de personas que lo estaban pasando realmente mal y miraron para otro lado”.

En general, los vecinos, y especialmente los mayores, se sorprenden con los mensajes que se transmiten al exterior por parte del Patronato y el Ayuntamiento sobre el funcionamiento de las viviendas, y afirman que la publicidad no refleja el verdadero ser de la convivencia, que se basa más en las personas que lo habitan que en la estructura y el proyecto. Otra de las protestas más sonadas es la de la reparación o sustitución de los electrodomésticos que se incluían al entrar a la vivienda, de los que no se ocupa el Patronato por haber pasado la garantía. Algo que la mayoría de los vecinos califica de “absurdo”, ya que en un alquiler normal, si está pactado que se incluyen electrodomésticos o muebles y estos se estropean sin que sea culpa del inquilino, es el propietario quien debe cargar con los costes; y reclaman que para ellos debería ser igual.

Para los vecinos, la publicidad que se vende a Europa y otras ciudades de España no es real porque la mayoría no llegan a utilizar todo lo que el edificio tiene

El edificio, es, para los que viven allí, una vuelta a la convivencia habitual de un vecindario de hace 30 años, lo que para la antropóloga María José Pastor es bueno, porque se está perdiendo la interacción entre los vecinos. Por esto, afirma que no todas las personas jóvenes pueden estar preparadas para vivir en un edificio de estas características, ya que deben tener “cierta sensibilidad”.

De hecho, según el Patronato, los jóvenes tienen que demostrar en el proceso de selección para acceder a las viviendas que tienen alguna habilidad social para tratar con otros, como por ejemplo, ser voluntario en organizaciones sociales. Además de esta sensibilidad, los jóvenes están obligados por contrato a dedicar tres horas semanales a los vecinos, bien sea en los talleres, en las reuniones para mejorar la comunidad o en otra función.

Por parte de los vecinos, no son todo quejas a la forma de llevar el edificio, ya que prácticamente todos se sienten sobradamente a gusto compartiendo este espacio con otras personas con las que pueden interactuar, pero, como afirma el presidente, no es tanto como puede aparentar ser desde fuera por la publicidad y el renombre que tiene el edificio por haber sido candidato al premio Hábitat de la ONU en 2012.

En definitiva, en este edificio, tanto los mayores como los jóvenes se sienten a gusto porque viven bien, en un espacio cómodo en el que se sienten activos y están pendientes los unos de los otros a cambio de un alquiler asequible para la mayoría, que es tanto para ellos como para el Patronato la prioridad; pero, como defienden los vecinos, ellos no viven en ninguna maravilla.

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