Tres décadas de espera y un rencuentro

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Emilio (izquierda) y José (derecha) haciendo las delicias del público durante el concierto de ‘los Arsénico’. / JAVIER LÓPEZ

Tercer día del puente de diciembre. Son las 11 de la noche y las luces de la Cabaña del Tío Rock, uno de los pubs de moda en Almansa, comienzan a oscurecerse. Junto a mí cuatro amigos y mi cerveza, la cual reposa en la barra espumeante, gélida cual bloque de hielo. Comienzan a escucharse unos breves acordes de guitarra pero, para mi sorpresa, la gente parece no inmutarse. A mi lado, un hombre repleto de tatuajes se da cuenta de mis gestos de incertidumbre y me espeta: “No son los que interesan, la gente está esperando a que llegue lo bueno”. Ahora me doy cuenta de todo. Los muchachos que se encuentran sobre el reducido escenario son los componentes de ‘Cremallera’, un grupo local almanseño que parece no ser el gran protagonista de la noche. Ese papel lo interpreta otro pequeño grupo, ‘Los Arsénico’, que esperaba desde hace mucho tiempo volver a dar vida a sus canciones y ahora gozaba de esa oportunidad en el XX aniversario de dicho local. “Llevábamos esperando este momento demasiados años, tantos como 30” me comenta José Molina, uno de los integrantes de la banda, quien además es conocido por todos en el pueblo por regentar la librería de su padre desde hace ya más de 20 años.

“Llevábamos esperando este momento demasiados años, tantos como 30” me comenta José Molina.

Y así es. Tan sorprendente como inexplicable. La luz de esta banda se apagó hace tres décadas, de un día para otro. Después de cuatro años de adolescencia compartiendo su música con la gente del pueblo, Toño (el batería), su hermano Emilio (guitarra), Flores (guitarra) y el propio José (el bajo), decidían poner punto y final a una historia que no volvería a escribirse hasta la noche del pasado 7 de diciembre. También me dice el librero que “con alguno de ellos el contacto se había perdido”, por lo que el encuentro tenía mucho más significado.

Ahora sí. Son las 12, el pub comienza a rebosar y ‘La Cremallera’ recoge sus cosas del escenario. La hora ayuda puesto que no es un día fácil para llenar. En esos mismos instantes acaba de terminar un debate político histórico, que ha tenido a media España frente al televisor. Por otro lado es lunes, ya van tres días del puente y muchos no tienen ni dinero ni fuerzas para seguir con la fiesta. Aún así los más fieles seguidores del grupo no fallan. Familiares, amigos e incluso gente joven que no los vio tocar, abarrotan el bar con ganas de escuchar ese rock ochentero que tanto maravilla a muchos. Francisco Vizcaíno, encargado del local, lleva toda la noche con una sonrisa de oreja a oreja, como si le hubiese tocado la lotería. “Es una sorpresa que el bar esté tan lleno después del fin de semana tan intenso que hemos vivido” asegura el joven gerente de la Cabaña del Tío Rock. Llegó la hora, José y sus compañeros tienen todo listo para arrancar. Un par de retoques al sonido y el silencio da lugar a las primeras notas de una canción que fue un icono para muchos de los allí presentes durante su juventud. ‘Ciegos en la playa’ fue el preludio de tantas y tantas fiestas en la Almansa de los años 80, lo que deja entrever que aquel grupo había dejado una huella imborrable. Tras esta llegan muchas otras como ‘Ella y su Mercedes’, que da un toque melancólico a la velada, o ‘No quiero ir a la Mili’, una canción que, como bien explica el bajo, hace que todos los de su época se sientan identificados.

“Es una sorpresa que el bar esté tan lleno después del fin de semana tan intenso que hemos vivido” asegura Francisco Vizcaíno.

 

Tras unos 60 intensos minutos sin descanso toca poner punto y final al concierto. El silencio vuelve a entrar en escena hasta que es interrumpido por los aplausos del público. Incluso los más jóvenes hemos quedado prendados por la entrega y el esfuerzo de cuatro personas que volvían a juntar sus dotes musicales después de tantos años. Después de todo esto lo primero que me pasa por la cabeza es porque un grupo con tan buena onda había estado a la sombra desde los ochenta. Sin embargo, al hablar con José al día siguiente, pensando en frío aunque con los sentimientos todavía a flor de piel, me da la clave de porque este grupo dejó aparcada la música. “Conforme crecimos nos dimos cuenta de que cada uno tenía que tomar vías diferentes y el grupo se deshizo” comenta el bajo que ya ronda los 50. Reconoce que fue una “pincelada” muy bonita pero cree que puede haber sido la última vez que hayan tocado juntos. La voz de “Los Arsénicos” parece empezar a apagarse, no obstante, su música siempre quedará en la memoria.

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