Últimos bailes de felicidad

Un nuevo huésped llega a la emblemática calle Gran Vía de Madrid. Entre bambalinas y música se presenta al Berlín de 1931. Entre la  multitud me dispongo a descubrir lo que ocurrió en esta ciudad. Se abren las puertas del teatro Rialto y todos los asistentes se adentran en el edificio sin saber lo que les espera dentro. En el ambiente se siente la alegría que habitualmente invade a las personas a la hora de ver un musical. Se respira un afán desmedido por  la intriga que esta obra despierta. Las 1023 localidades disponibles se comienzan a llenar y Cabaret se muestra ante los ojos de todo el público.

Empieza el gran musical con la actuación de Edu Soto que como maestro de ceremonias se asoma por el ojo de una cámara y nos invita a desconectar todas las tecnologías  para trasladarnos por completo a la historia que se desarrolla en el Berlín de la época. Saluda en varios idiomas y presenta al resto de personajes con una descripción personalizada para cada uno de ellos, mientras tanto las chicas del Cabaret comienzan a hipnotizarme con sus bailes.

La obra desde el principio refleja las banalidades que ocurrían en Kit Kat Klub, una de las salas más importantes de Berlín. Aprecio con admiración cada paso de baile que realizan los actores. Me asombran las voces de los cantantes que hacen vibrar a todo el teatro.

Miro a mi alrededor y veo reflejadas en los rostros de los asistentes sonrisas de complicidad y alegría mientras algunos se atreven a tararear las canciones que suenan como la de “Money, money”

En el descanso entre la primera y la segunda parte decido ir a hablar con Gustavo Segovia, uno de los técnicos de luces que me cuenta que le parece sorprendente que esta obra se estrenara en Broadway en 1966 bajo la dirección de Harold Prince y se presente renovada ahora en Madrid. “Está inspirada en la película de Cabaret, me parece que Jaime Azpilicueta ha realizado una producción inédita completamente. Algunos creen que está basada en hechos reales y otros que se basa en la novela -Goodbye to Berlin-“

Tras andar por el teatro Rivalto observando su gran belleza decido ir hacia mi butaca y mientras espero a que empiece la segunda parte del show, María Jesús Jiménez una espectadora que se encuentra sentada justo a mi lado me comenta que es uno de los musicales que más le ha gustado de todos los que ha podido ver y que el papel de Edu Soto le está sorprendiendo mucho.

Al comienzo de la segunda parte aparece en escena de nuevo Edu Soto que con un toque de humor interacciona con el público y hace subir al escenario a dos espectadores que se encontraban en el patio de butacas.

Cristina Castaño representa el papel de Sally Bowles, una de las chicas del Cabaret que se enamora de Clifford Bradshaw. Otra historia de amor es la de Fräulen Schneider y el frutero judío Herr Schultz. La historia narra el difícil desarrollo de las dos historias de amor en el ambiente del Berlín de la época, Hitler está a punto de subir al poder y el nazismo empieza a estar presente en todos los sitios. Algunos se dan cuenta de lo que está ocurriendo mientras que otros viven en la ignorancia sin saber lo que va a acontecer en Alemania.IMG_5473

Las canciones no paran de sonar y ser bailadas, la trama se desenvuelve en dos escenarios principales, el Kit Kat Klub donde se baila cabaret y el lugar donde se aloja Clifford Bradshaw, un escritor americano que viaja a Alemania en busca de inspiración para su próxima novela y acaba conociendo a Sally, una de las bailarinas del cabaret.

Otra de las cosas que  me llama mucho la atención del musical es el magnífico equipo de música y el cuidado vestuario de los actores. Sin embargo, la mejor sensación es escuchar las bonitas voces de los cantantes.

Los musicales son uno de los grandes atractivos de Madrid y de la Gran Vía en particular y sin duda “Cabaret” es una gran representación.  El teatro junto con la música y el baile es lo que hace que un musical sea una obra que te envuelva y te haga disfrutar.

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