Un control que no encuentra cura

La diabetes mejora sus tratamientos, pero sigue sin solución médica para los 383 millones de personas que sufren esta enfermedad crónica en el mundo

El doctor David Díez apuesta por la formación del diabético para que su cuidado sea correcto / M.H.

El doctor David Díez apuesta por la formación del diabético para que su cuidado sea correcto / M.H.

 

La diabetes es una enfermedad tan vieja como el origen de la vida. Los griegos y los indios antiguos detectaban este trastorno metabólico a través de la orina dulce que atraía a las hormigas. Miles de años después, los análisis y tratamientos han cambiado tanto que ya no se considera una pena capital para el que la sufre. La aparición de la insulina rápida, a principios del siglo XXI, ha sido clave para tratar una patología que linda con el terreno de la curación, pero que aún no ha sido capaz de superar esa barrera. Médicos, laboratorios, asociaciones y, sobre todo, pacientes se pinchan unos a otros para buscar la solución de una enfermedad crónica que multiplica los beneficios de los laboratorios farmacéuticos.

Los científicos Josef von Mering y Oskar Minkowski descubrieron en 1889 que el mal funcionamiento del páncreas era el principio de la diabetes, en cualquiera de sus dos tipos (I y II). Han pasado 126 años y esa es la única realidad que resulta incuestionable para los afectados. Hasta hace dos décadas no se afinó con los tratamientos que controlan con eficacia los niveles de glucosa en sangre, reducen las consecuencias de un mal tratamiento y amplían la esperanza de vida de los insulinodependientes. La diabetes, sin embargo, aún no se ha topado con esa solución sobre la que los pacientes dudan si interesa o no a las multinacionales que, supuestamente, andan tras ella; las mismas que ingresan millones de euros con la industria farmacéutica que ejerce como juez y parte en la misma enfermedad.

Manuel Luzán, delegado en la provincia de Alicante del laboratorio Abbott Diabetes Care, asegura que los laboratorios invierten “mucho dinero” en la investigación para “mejorar el tratamiento”, aunque elude el objetivo de la curación. No tiene reparos a la hora de reconocer que las farmacéuticas “no son ONGs” porque necesitan rentabilizar las inversiones que realizan para avanzar en las soluciones para la diabetes. El ejemplo más sangrante lo representa uno de los productos más beneficiosos para las farmacéuticas: las tiras reactivas. Cada caja de 50 unidades tiene un precio medio de venta al público de 45 euros. Según Manuel Luzán, “entre 12 y 13 euros los asume directamente la Seguridad Social” y justifica el precio porque “llevan un circuito instalado que no es de papel y cartón”. Las cuentas, sin embargo, no salen: el paciente sólo paga tres o cuatro euros en la botica.

“Los laboratorios invierten mucho dinero y no son ONGs”, asegura Manuel Luzán, delegado de Abbott Diabetes Care

Los avances de la ciencia han permitido mejorar la calidad de vida de los afectados por los altos niveles glucémicos en sangre, aunque no lo suficiente para dar con la tecla de la curación para este problema de salud que se ha agravado con el estilo de vida moderno. Sólo en Estados Unidos se estima que el 25% de la población mayor tiene diabetes tipo II, asociada al mal funcionamiento del páncreas por el abuso de la comida rápida y el sedentarismo. “La solución pasa por la formación”, advierte el doctor Díez Agulló, Jefe de Zona del Hospital El Pla-Vinalopó de Elche. Con este objetivo han puesto en marcha un plan de actuación que pasa por las terapias personalizadas y las charlas de media hora por paciente en busca del “empoderamiento de la salud”. “Los médicos tenemos que lanzar y machacar un mensaje único que cale. Hay que adiestrar al enfermo para que se controle bien. La medicina está para ayudar, pero el actor principal es el paciente”, afirma el galeno ilicitano.

El material que tiene que usar, a diario, un diabético es caro e incluye insulinas, agujas, lancetas y medidores. / M.H.

El material que tiene que usar, a diario, un diabético es caro e incluye insulinas, agujas, lancetas y medidores. / M.H.

Díez Agulló reconoce que la enfermedad “a día de hoy, no tiene cura” y, por esta razón, el trabajo está centrado en ofrecer “una vida normal, pero con hábitos distintos” a los enfermos que tienen problemas con la asimilación de la glucosa en sangre. El doctor del Hospital El Pla-Vinalopó afirma que los laboratorios “invierten más dinero en la investigación centrada en la diabetes que en la hipertensión” por lo que no quiere añadir leña a los rumores que rodean a la posible pasividad de las multinacionales farmacéuticas sobre la cura de este problema. Sin embargo, los años de experiencia le han demostrado que “hay muchos beneficios repartidos y, por eso, con la cura de la diabetes es fácil alimentar las teorías conspiratorias”. “Los laboratorios, como empresas privadas, están en su derecho de buscar el negocio”, apunta.

“Los laboratorios, como empresas privadas, están en su derecho de buscar el negocio”, afirma el doctor David Díez Agulló, del Hospital El Pla-Vinalopó de Elche

El presidente de la Asociación de Diabéticos de Elche y Comarca (ADEC), Francisco Sáez, subraya que el “autocontrol” es clave para ganar calidad de vida: “El mejor médico es uno mismo porque debes conocer qué te ocurre en cada momento”. Las vías de investigación continúan recorriendo la línea genética del ser humano para dar con una solución aunque, como explica Sáez, “van por modas y a empujones”. En España, dos ejemplos. La científica Fàtima Bosch logró curar a tres perros diabéticos para que no dependieran de la inyección de insulina. “La noticia fue revolucionaria, pero hasta ahí llegó”, lamenta Francisco Sáez. Bernat Soria ensayó con embriones humanos, camuflados de células madre, hasta que la ciencia levantó una barrera ante sus investigaciones. “La solución, que llegará más pronto que tarde, pasa por la genética. Soy optimista. Otra cosa es cómo estaremos para entonces los pacientes”, reflexiona el presidente de ADEC.

Francisco Sáez, presidente de ADEC. M.H.

Francisco Sáez, presidente de ADEC, cree que la solución a la diabetes pasa por las investigaciones genéticas. M.H.

Una enfermedad de largo recorrido

La diabetes es una enfermedad que se da en jóvenes y mayores. Divide dos tipos: I y II. La primera afecta a pacientes de todas las edades y se produce como consecuencia de un fallo en el funcionamiento habitual por parte del páncreas. Se trata con insulina y requiere de varias inyecciones diarias. Es la más costosa de los dos casos porque se produce en gente que debuta con menos edad y los efectos derivados de un mal tratamiento, además del gasto en medicinas, pueden afectar a otros órganos vitales: vista, corazón, riñones, circulación…

La diabetes tipo II se da, normalmente, en personas mayores y se trata con medicamentos orales. Su origen también viene derivado del fallo del páncreas, pero por motivos de edad. No requiere de tanto tratamiento con la I. Los efectos secundarios, en muchas ocasiones, no se llegan a producir porque las consecuencias de unas malas pautas diabetológicas tardan en manifestarse a partir de los 15 años. Muchos pacientes, ya en avanzada edad, no llegan a ponerlos de manifiesto.

Los niveles adecuados de glucemia en sangre están entre 70 y 120 mg/dl y la hemoglobina glicosilada, que mide la media de control de residuos glucémicos en el cuerpo, debe estar por debajo de 7 HbA1C.

 

Frederick Banting, descubridor de la insulina

El Día Mundial de la Diabetes se celebra cada 14 de noviembre para honrar la fecha del cumpleaños del doctor Frederick Banting, uno de los inventores de la insulina. Esta jornada reivindicativa traslada a la primera página un debate sin fin para un problema que afecta a 383 millones de personas en todo el mundo. La solución está entre probetas y en manos de unos científicos a los que sigue sin quedar claro qué les interesa más: curar o tratar.

El doctor Díez Agulló prefiere creer en “la buena fe de la humanidad”. Un mensaje que choca con el mensaje del director de cine Fernando Meirelles en la película ‘El Jardinero Fiel’, donde el protagonista sentencia que “las grandes farmacéuticas son peores que los vendedores de armas”. De hecho, la guerra contra el azúcar en sangre sigue y los tratamientos, controles, agujas y lancetas son comercializadas por las farmacéuticas. Son las vendedoras de armas en una batalla que aún no ha ganado la ciencia.

 

ENTREVISTAS:

Manuel Luzán – Delegado del laboratorio Abbott Diabetes Care

David Díez Agulló – Jefe de Zona del Hospital El Pla-Vinalopó

Francisco Sáez – Presidente de la Asociación de Diabéticos de Elche y Comarca (ADEC)

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