¿Un deporte o un desafío?

En qué pocas ocasiones somos capaces de ponernos en la piel de los demás. No somos conscientes de que lo que para una persona puede ser algo rutinario para otra puede suponer un gran reto. Algo a primera vista tan sencillo como darle una patada a un balón, coger una raqueta para golpear la bola, nadar, esto para una persona con discapacidad es un mundo.

En los últimos años ha aumentado considerablemente el número de clubs formados por personas discapacitadas, cada vez hay más deportes adaptados a ellos. Pero sigue siendo un hecho que no obtienen el reconocimiento que merecen, ni las financiaciones necesarias. Como si no nos diéramos cuenta del gran esfuerzo que supone prepararse física y mentalmente. Tanto para las personas que han nacido con esos problemas, como para las que han sido víctimas de la crueldad del destino y han tenido que aprender la forma de volver a encontrar las ganas de sonreír y de levantarse cada día.

Se trata de personas que cada día superan una barrera, el miedo a no conseguirlo, a resultar heridos, pero nosotros seguimos sentados en el sofá mirando absortos el fútbol, el baloncesto o el tenis. Viendo a esos deportistas jugar y darlo todo por conseguir otra victoria, mientras que para los discapacitados poder practicar deporte es la meta, no el recorrido. ¿Y quién les premia su gran esfuerzo? Apenas existen campeonatos, premios, ni siquiera aparecen en las noticias, no tienen seguidores. No se les reconoce su mérito. ¿Por qué nadie escribe sobre cómo han sido capaces de levantarse y seguir luchando todos los días superando las innumerables limitaciones que para nosotros son rutina diaria? ¿Por qué nadie compra camisetas con sus nombres ni les piden autógrafos?

Organizan una vez o dos al año un “partidillo” benéfico y con eso ya hemos limpiado nuestras conciencias hasta el año siguiente, ya hemos ayudado de alguna manera. Pero no solo es ayuda lo que necesitan, es reconocimiento de su meritorio esfuerzo para seguir motivándolos a afrontar los retos y desafíos que se les puedan presentar. Mucho más sencillo que organizar o donar es aplaudir.

Carmen Paños, Marina Rocamora, Héctor Padilla y Esther Ruiz.

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