Una piel tecnológica

Los usuarios perciben los wearables como una prolongación del cuerpo y pueden padecer adicciones debido a la información constante que reciben de estos dispositivos

 

“Kitt, te necesito”, aducía Michael Knight cada vez que precisaba la ayuda de su vehículo inteligente en la serie El coche fantástico. Knight acercaba su muñeca a la boca y a través de su reloj se comunicaba con Kitt. Sabía dónde se encontraba el protagonista de la serie, gracias al GPS que incorporaba el reloj. Kitt acudía raudo a rescatar a su compañero. Eran los años 80 y los wearables comenzaban a vislumbrarse en un mundo futurista de dispositivos tecnológicos.

Relojes, pulseras o gafas inteligentes parecen inventos que se gestaron a finales del siglo XX en películas y series de ciencia ficción y que su materializaron data del siglo XXI. Sin embargo, la historia de estos dispositivos tecnológicos se originó en 1644. La dinastía Qing introdujo un ábaco en un anillo. Los comerciantes lo empleaban como sistema de cuentas. Más de un siglo después, se gestó el cronómetro marino de bolsillo. Se usaba para determinar la distancia de navegación a través de las estrellas. En el siglo XX, se comenzaron a crear los dispositivos que se utilizan de manera cotidiana: relojes digitales, audífonos y Bluetooth. Ya en el siglo XXI, aúnan moda y tecnología para convertirse en auténticos dispositivos vestibles. “Los wearables permiten sustituir la ropa y los complementos tradicionales por otros con capacidades tecnológicas, más allá de que sean bonitos”, manifiesta Santiago Ambit, cofundador de la empresa WeOn Glasses.

 

WeOn Glasses / Patricia Santos

WeOn Glasses / Patricia Santos

Categorías wearables

El universo de las tecnología vestibles es muy amplio. Día a día se incorporan nuevas propuestas.  Cualquier dispositivo tecnológico que esté conectado a otros y que se pueda portar en en el cuerpo, se convierte en un wearable. Esta tecnología de consumo utiliza Inteligencia artificial (IA). “Los wearables recogen una serie de parámetros, los procesan y los analizan para detectar patrones”, afirma David Úbeda, ingeniero en Telecomunicaciones y personal del Servicio de Innovación y Apoyo Técnico a la Docencia e Investigación (Siatdi).

Las tecnologías vestibles más usuales son los medidores de deporte y de salud, como por ejemplo las pulseras y la ropa con sensores. Se emplean para saber el número de calorías quemadas, la distancia que se ha recorrido o la monitorización de la frecuencia cardiaca y de la glucosa. Otra categoría son los smartwatches. Los relojes de pulsera que poseen la mayoría de funciones que un teléfono móvil. Por último, se encuentran las smartglasses. Las gafas que permiten recibir notificaciones, ver internet a través de ellas o grabar vídeos. Los wearables puede aplicarse en diferentes áreas como la domótica, el entretenimiento, la realidad virtual, el bienestar físico, el empresarial e incluso en la enseñanza. Tomás Sempere, informático y director del Siatdi, afirma que los wearables son una de las tecnologías emergentes menos conocidas que han comenzado a implantarse en el ámbito educativo.

 

WeOn Glasses / Patricia Santos

WeOn Glasses / Patricia Santos

Gafas inteligentes españolas

El mercado de los wearables no es exclusivo de las grandes compañías japonesas, chinas o estadounidenses. Una pequeña empresa española ha creado las primeras gafas inteligentes, tanto de vista como de sol, para personas que precisan utilizarlas diariamente. “Hicimos un producto con poca tecnología que pudiera vestirse, graduarse los cristales y que fuera asequible. Tuvimos que buscar la sencillez”, expresa Ambit. Las WeOn Glasses se asemejan a unas gafas normales, excepto por la tecnología que se incluye en las patillas. Interactúan con el móvil a través de una aplicación. Cada vez que el usuario recibe una notificación en el smartphone de correo electrónico, mensaje, llamada o red social; se enciende en el interior de la patilla un indicador led. Además, estas smartglasses permiten controlar la música del teléfono, hacer fotografías con la cámara del móvil y localizar ambos dispositivos con la función GPS. “Nuestras gafas son una versión intermedia entre unas gafas sin tecnología y las gafas de Google”, enuncia Ambit.

 

Quantified Self

La tecnología vestible modifica la manera de relacionarse las personas y su visión del entorno. El informe Accenture Insurance Technology Vision 2015 constata que las compañías de seguros esperan que los wearables tengan un fuerte impacto en su sector. De esta manera, se crean ofertas personalizadas para cada cliente basadas en la cuantificación de su día a día, es decir, a través de la tecnología vestible miden la actividad física de sus clientes. Aquellos que lleguen a una cantidad de pasos diarios, la compañía les bajará su cuota o les dará un incentivo económico. Este es el caso de la compañía de seguros Oscar, que ha puesto a disposición de sus clientes 20.000 pulseras inteligentes. Mediante un algoritmo se establece la meta de pasos que debe realizar cada usuario. Cada día que cumplan el objetivo, la empresa les paga un dólar.

El Quaintified Self es el fenómeno de registrar los datos diarios de las personas mediante el empleo de la tecnología. Con esta técnica las empresas detectan los hábitos y rutinas de sus clientes. “Cuantos más datos, más patrones se obtienen y más precisión”, manifiesta Sempere. La antropóloga y profesora Anastasia Téllez afirma que la tecnología en sí misma no es ni buena ni mala, todo depende del uso que se haga. Aconseja que hay que tener en cuenta hasta dónde y qué información se cede.

 

Adicciones

Los wearables pueden ayudar a las personas con sus adicciones. La aplicación Stop Smoking! for Wear se puede descargar en los relojes inteligentes con tecnología Android. El usuario ve en la pantalla de su smartwatch cuántos cigarrillos ha dejado de consumir y el dinero que se ha ahorrado desde que empezó a dejar el hábito.

A pesar de que los wearables puedan aquietar las adicciones de los usuarios, también pueden hacerles dependientes de ellos porque su principal finalidad consiste en percibir esta tecnología como una extensión del propio cuerpo. Con estos dispositivos el usuario ve al instante cuándo recibe una notificación o una alerta. “La tecnología vestible puede llegar a convertirse en un elemento de toxicidad. El usuario se encuentra en un estado de alerta continua, su cuerpo segrega adrenalina, su estrés se dispara, aumenta su ansiedad y a nivel psicológico se agota”, manifiesta Téllez.

En 2014, médicos estadounidenses identificaron el primer caso de adicción a Intenet causado por el uso de un wearable. El paciente usaba las Google Glass hasta 18 horas al día. Mostraba un movimiento casi involuntario de la mano derecha a la zona de la sien, el gesto que se usa para activar las gafas. Expresó que se sentía frustrado si no podía utilizarlas. Además, reconoció que tenía sueños repetitivos con el dispositivo.

 

Futuro de los wearables

La tecnología vestible se ha convertido en un mercado innovador y en auge. Quizá los wearables lleguen a sustituir a los teléfonos móviles, pero antes deben superar las barreras de la durabilidad de la batería, del tamaño de la pantalla desde la que se accede y de la acogida del público, manifiesta Ambit. Puede que el porvenir de esta tecnología se ubique bajo la piel a modo de microchip como se les implanta a los animales o parecido a un tatuaje digital. Los usuarios discernirán sobre sus necesidades y elegirán el dispositivo que mejor se adepta a ellos. Como enuncia la antropóloga Téllez: “La evolución tecnológica evidencia que el ser humano se adapta a los cambios constantes”.

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