Una retirada a tiempo no es siempre una victoria.

El cabo de escala de tropa de la base militar de operaciones especiales Alférez Navarrete, Joaquín Martínez Carrillo, no ha vuelto a ser la persona que en su día fue.

El gobierno de Mariano Rajoy continuó con las medidas de su antecesor rival político José Luis Rodríguez Zapatero, y mandó a retirar progresivamente las tropas militares españolas que se encontraban en Afganistán desde el año 2001, pero todavía hoy, no se ha producido esa evacuación militar que se dijo en su día.

La preparación exhaustiva durante años para entrar en un combate de tal magnitud como era estar destinado en Afganistán fue lo que le mantuvo con vida en los momentos más arduos. El territorio, controlado por un ejército talibán bien armado, que no dudaba en disparar a cualquier ser viviente. En ese lugar, la misión iba a ser de paz, pero en palabras del propio soldado, eso era una mentira política. “El militar que moría a manos de un talibán era condecorado con un distintivo rojo, y ese distintivo solo se les otorga a los soltados muertos en combate de guerra” afirmaba mientras perdía la mirada en la nada.

El adaptarse al terreno es lo más difícil, la distancia con tus seres queridos, la soledad son los factores más arduos y  peligrosos a los que uno debe de hacer frente cuando está destinado en un territorio así. La fauna salvaje que rodea al ejército provoca pesadillas en los más jóvenes, que se despiertan a media noche pensando que les está devorando una víbora, o que un escorpión está a punto de clavar el veneno de su aguijón dentro de ellos.

El territorio estaba desierto, las familias vivían en casas de piedra con miedo a salir mientras los militares les proporcionaban ayuda humanitaria. Era tal el temor de esos seres humanos al ejército talibán, que muchos de ellos rechazaban cualquier objeto entregado por la milicia española por poner a salvo a sus familias en caso de una posible reprimenda talibán.

¿Realmente las élites políticas desconocían a qué nos enfrentábamos en esa guerra pacificadora? Los vehículos destinados a proteger a nuestros soldados fueron utilizados en la Guerra de los Balcanes, es decir, esos vehículos no estaban lo suficientemente equipados para proteger a nuestro ejército, y además, muchos de ellos tenían déficits parciales en los blindajes.

El temor en los ojos de los soldados aumentaban conforme el tiempo avanzaba en territorio enemigo, numerosos campos militares habían sido atacados por el ejército talibán, e incontables vehículos habían sido detonados pero, afortunadamente, sin militantes dentro de ellos.

Una fila de convoyes avanzaba hacia territorio enemigo para proseguir con su ‘misión pacificadora’, pero hubo algo que sobresaltó al cabo Martínez Carrillo, de la nada, aparecieron decenas de talibanes, que hicieron explosionar un convoy justo delante de él, se desató una contienda donde fallecieron dos compañeros suyos, la misión de paz había terminado.

La manipulación de los medios de comunicación hacía entrever que había sido una acción controlada por el ejército, lo cual, era mentira. “Lo que vivimos en ese territorio no se lo deseo ni al peor de mis enemigos, ver caer a compañeros en combate es algo que voy a recordar toda mi vida”.

La labor ejercida por el ejército español en esa ‘misión de paz’ no fue suficiente para que los políticos de este país reconocieran el trabajo y sacrificio de muchos hombres que incluso dieron su vida por defender a nuestro país, algo que ya no sorprende a nadie, ellos miran por sus propios beneficios, y no por el de los demás.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *