Una vidriera con una Vírgen

 

En España, ser católico no está de moda. No hace falta más que recordar los inconvenientes que acarrearon los gastos de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid o el inmortal debate sobre la enseñanza religiosa en la escuela pública.

La institución católica crea entonces repudia entre la población. Sin embargo, hasta hace relativamente poco, esto quedaba meramente en los planos personal y social. Es ahora cuando el asunto alcanza también a la política, que se suma al anticlericalismo imperante de la sociedad, poniendo énfasis en una relación sociedad-religión cada vez más marchita.

Una relación tormentosa

La ruptura entre España y la Santa Sede comienza en el reinado de Isabel II: como parte del giro al liberalismo de la monarca, se inicia la desamortización de la Iglesia en España.

La firma de un Concordato en 1851 resulta inútil: para finales del siglo XIX, la publicación de un informe en el que se presagia el giro a la secularización de los liberales crea una serie de conflictos que culminarán en un estado laicista: la IIª República. La posterior Guerra Civil acabaría de asentar el odio entre el sector liberal del país y la Iglesia Católica. Seguirían 40 años de nacional-catolicismo, pero la institución ya nunca recuperaría su imagen.

Hacia un laicismo total

Hay que situarse ahora en el año 2015. El fin de la burbuja inmobiliaria deja una España empobrecida y corrupta. La sociedad pide cambio en la política.

La Iglesia española, como cualquier otra parte de la sociedad, también se ve afectada: el giro político pretende acabar, entre otras cosas, con los pivilegios otorgados a la institución (exención del IBI, de impuestos sobre la renta…), y terminar el proyecto de estado laico que empezó la IIª República. Ya no son raros los casos de municipios en los que los alcaldes dejan de asistir a actos religiosos (Cádiz, Salamanca), o directamente se desvinculan de los mismos (Ciudad Rodrigo).

Es ahora cuando el asunto alcanza también a la política, que se suma al anticlericalismo imperante

Sin embargo, entre el 26 de septiembre y el 3 de octubre de 2015, tiene lugar una excepción: la ciudad alicantina de Ibi celebra el 75 Aniversario de su patrona, la Mare de Deu dels Desamparats.

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Mare de Dèu dels Desamparats // Foto cedida

Se llevan a cabo dos procesiones con costaleros de Semana Santa para trasladar a la imagen de una parroquia a otra de la localidad (y vuelta), para culminar en una misa callejera multitudinaria, en la que colaboran ciudadanos, agrupaciones artísticas y Ayuntamiento. Tanto la Ibi cristiana como la aconfesional sonríen al ver pasar la imagen, como explica una de las costaleras, Melanie Ais. A pesar de ser religioso, dice la porteadora, no deja de ser un acto de Ibi. El reglamento protocolario español le da la razón: no existe clasificación especial para los actos religiosos. Son públicos, sin más.

Nicolás Martínez, quien fuera regidor de Fiestas y Cultura y actual regidor de la oposición en Ibi, ve con optimismo la situación de la Iglesia ibense: señala que hay que tener en cuenta la sociedad tremendamente religiosa de la que procede España y el hecho de que nuestra democracia es muy joven. Martínez ve como símbolo de una convivencia sana entre catolicismo y sociedad la vidriera que adorna de arriba a abajo el Ayuntamiento de la ciudad y que representa, entre otros símbolos de esta, a la Mare de Dèu. La unión de la parte religiosa y social de Ibi.

Martínez ve como símbolo de una convivencia sana entre catolicismo y sociedad la vidriera que adorna de arriba a abajo el Ayuntamiento de Ibi y que representa, entre otros símbolos, a la Mare de Dèu

El político cristiano afirma, además, que cada vez se va diluyendo más la influencia religiosa sobre nuestra sociedad; de hecho, él ha podido comprobar que, a pesar de los privilegio del clero, las parroquias locales de Ibi se autofinancian en cuanto deben de hacer una reforma o restauración. Por tanto, continuar el proceso laico, como dice Martínez, no resultaría problemático para las parroquias.

Por su parte, el párroco responsable de la Iglesia que acogió a la imagen durante aquella semana, Manuel Chouciño, recuerda que en la tradición popular española está arraigado el cristianismo (las fiestas de los pueblos siguen celebrándose en honor de los patrones). La Virgen de los Lirios en Alcoi. Las hogueras dedicadas a San Juan. Lo cristiano se mezcla con lo popular, con lo pagano.

La religión también es cultura, dice el sacerdote: monumentos, arte, tradición. El conflicto que puede haber entre religión y sociedad se ha de resolver mediante el respeto mutuo. ¿Cómo se podría entender una cultura bañada por la religión si la apartamos de nuestra sociedad? Su conclusión pasa por la búsqueda de la convivencia, ya no entre el catolicismo y España, sino entre España y todas las religiones, es decir, dar voz a los religiosos; a fin de cuentas, como dice, la práctica de la democracia.

Chouciño, Martínez y Ais coinciden en el punto de la necesaria búsqueda del respeto mutuo entre religión y sociedad, antes del enfrentamiento.

Un ejemplo de este respeto entre los sectores anticlericales y religiosos fue la celebración del 75 Aniversario de la Mare de Dèu dels Desamparats: no sufrió incidente ni repudia alguna, ni de dentro ni de fuera de la localidad. Por lo tanto, tal vez esta celebración siente precedente: un acto abierto, dirigido a la población y, sobre todo, diferente, ha probado acercar a la sociedad de una ciudad y a su Iglesia.

Supra

¿Y si la ideología no condicionara las creencias? // Eduardo Melero

Un atisbo de entendimiento

Puede que este acto sea un pequeño atisbo de entendimiento entre dos instituciones que acarrean 300 años de peleas y progresivo desencanto. O puede que sean heridas que nunca sanen. Por ello, cabe preguntarse, ¿llegará el día en que la sociedad española y la Iglesia se lleven bien?

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