Viernes de colas interminables para descuentos negros

El 27 de Noviembre los grandes descuentos negros llegaban a los comercios del país dispuestos a despertar la vena consumista de todos los españoles. Y tanto despertaron que las ganas de comprar de todo el mundo se tradujeron en caos.

Las grandes cadenas como Inditex pusieron a punto sus tiendas y prepararon a sus trabajadores una semana antes. “Durante el Black Friday trabaja toda la plantilla, somos unos 40, nos separamos en turnos pero es necesario porque hay mucho movimiento de gente”, afirma Marian Carrillo Lorca, dependienta de ZARA. Aun así hay quien sostiene que el viernes negro fue un descontrol y que no merece la pena. Raquel Sánchez, compradora, se arrepintió a los 10 minutos de ir al centro comercial: “cometí el error de pasarme el viernes por la mañana, prefiero comprar online aunque luego tenga que hacer cambios, me beneficio de los descuentos igualmente y me ahorro agobios de gente”. Los días de grandes descuentos son para grandes gastos y grandes empresas. Cada vez son más los que mantienen que en tiempos de crisis, los más grandes se benefician más. Víctor Pérez Pérez director logístico y dependiente de la Zapatería Áureo, un comercio local de Torrevieja, sostiene que el pequeño y mediano comercio no puede competir con grandes cadenas en días así, “los centros comerciales tienen una mayor capacidad de promoción y almacén y terminan beneficiándose más”, afirma. Por otra parte, la dependienta del grupo Inditex Marian Carrillo Lorca, confirma las declaraciones del señor Pérez indicando que ZARA duplicó sus ventas durante el Black Friday.

Dos semanas después del atentado terrorista de París (13N) tras el que la gente todavía se encontraba atemorizada, la publicidad de los comercios y los descuentos de las conocidas marcas que alcanzaron hasta el 30% en algunos casos, fueron el reclamo perfecto para que la población dejara en casa los miedos a las grandes aglomeraciones de gente y sacara la tarjeta de crédito. Durante el viernes 27 de noviembre, en el ajetreo de la ciudad se respiraban ganas de comprar: Por la mañana en el tren, un grupo de chicas deseaba tener en su poder cada uno de los artículos de su Whislist (lista de deseos) al terminar el día. Más tarde, comiendo en un pequeño restaurante de la Plaza de las Flores, en Murcia, una pareja joven con su niño comentaba lo ideal que era el día para escribir la carta a los reyes magos… Por la calle, dirección a Platería, cuando me cruzaba con alguien, cada palabra entrecortada era sobre las ofertas en una tienda u otra.

Marian Carrillo Lorca, dependienta de Zara: “La empresa duplicó sus ventas durante el Black Friday”

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Los pronósticos extraídos de un estudio de Actitud de los consumidores españoles, indican que estas navidades gastaremos un 5% más que en años anteriores, según la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE) / Amanda Sánchez

A media tarde, la Gran Vía de Murcia estaba sorprendentemente más vacía que otros días. ¿La gente? dentro de las tiendas. Bershka, la elección de las adolescentes. La música de discoteca más alta de lo normal se confundía con comentarios del tipo: “mira, esta sudadera solo vale 3 euros menos” o “a mí este pantalón me costó lo mismo la semana pasada”… Dentro de los probadores, un pequeño grupo de chicas (ninguna superaba los 25 años) intercambiaba ropa de un probador a otro porque la dependienta de fuera no las dejaba pasar con más de 6 prendas. A medida que iba pasando la tarde, se escuchaban muchos comentarios de decepción respecto a la organización del gran día pero sobre todo a los descuentos. Que en España acostumbramos a añadir en nuestro calendario la mayoría de tradiciones estadounidenses que funcionan, es un hecho; pero que las acogemos a nuestra manera, también. “El Black Friday no es un día de hacer descuentos del 20 o el 30%, deberíamos adaptarnos a los descuentos internacionales y llegar hasta el 50% como mínimo”, afirma Víctor Pérez.

En las tiendas había colas de más de una hora para pagar o probarte ropa

ZARA, la tienda más visible (y más rentable) del grupo Inditex fue una perfecta representación de Viernes Negro; pero no por los descuentos… Las colas para acceder al probador eran de más de 30 personas. Faldas encima de pantalones, señoras descalzas por la tienda, camisas a medio abrochar o tallas a ojo, fueron alguna de las opciones de las que no podían esperar y tenían que llevarse algo. Cuando la fase “probador” se había superado, colas de más de una hora para pagar esperaban a las más valientes. Las dependientas de la tienda trataban de organizarse sin mucho éxito “intentad sacar las tres montañas que hay en el probador antes de repartir lo que hay colgado”, decía una de las encargadas mientras me compadecía de ellas cuando llegaran las 22:00 de la noche; porque había Más ropa por el suelo que en las perchas. Se iba cerca de una hora en cada tienda si decidías probarte o pagar algo así que como mucha gente, mi acompañante y yo, agobiadas, salimos sin comprar nada. No porque no quisiera, sino porque la cantidad de gente que había en la caja me devolvió las ganas de pagar los 10 euros más que me costaría la camisa un día normal. La cola a la entrada del Corte Ingles era mucho más larga que la que se formó en la puerta para disfrutar del gran árbol de navidad que encendían esa tarde. En el interior, más aglomeración en cada uno de los stands de la planta baja y escaleras repletas de gente que subía con ilusión y se cruzaba con las cabezas agachadas de los que bajaban sin nada. Al salir, ya se había hecho de noche. Supongo que mucha gente aprovecharía para hacer sus compras navideñas. ¿Mi balance? Un par de bolsas y la sensación de haber perdido una tarde entera en apenas 4 tiendas.

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