¡Visca la Mare de Déu!

La magia de La ‘Festa’, el cántico angelical que llena cada eco de la Basílica de Santa María, la unión de los ilicitanos para ver ascender al cielo a su Patrona, la lluvia dorada de oropel que cae desde el cielo, haciendo derramar un mar de lágrimas por y para la Virgen de la Asunción. Nos situamos en el siglo XV, donde Elche era conquistada por el rey Jaume I y un arca de madera llegaba por las playas de Santa Pola portando la imagen de la Virgen. Estos dos acontecimientos los vinculamos con el inicio de la representación de un drama sacro-lírico religioso que recrea la Dormición, Asunción y Coronación de la Virgen María o conocido como: Misteri d’Elx.

Viernes 28 de octubre, Miguel Calendura y Vicente Calendureta, dos amigos de Elche que anuncian los cuartos y las horas en la Torre Vetlla, a unos metros del Ayuntamiento, reciben a la gente apresurada y con un calor poco normal para estas fechas en el Ayuntamiento. Dan las nueve en punto de la noche. Se dirigen al templo de Elche, la Basílica de Santa María, para presenciar el primer ensayo general de una de las tradiciones más cautivadoras y emocionantes que tiene la ciudad de las palmeras: el Misteri d’Elx.

Nueve y cuarto de la noche, la basílica abre sus puertas para dar la bienvenida a cientos de ilicitanos y no ilicitanos, que se apresuran en hacer una cola improvisada para ser los primeros en entrar. Incienso, velas y diferentes perfumes; un mar de olores que nos golpea la cara cuando cruzas la puerta. Ese olor tan hogareño que siente cada ilicitano cuando entra a la casa de su Patrona, la Virgen de la Asunción. Hoy Santa María recibe de nuevo a cada ángel, virgen, apóstol y judío, que con sus cánticos llenan cada rincón de la basílica, inundando los oídos de todos los asistentes.

Impacientes y nerviosos, dos adjetivos con los que me siento identificada, esperando con ansia que llegue la hora para poder ver la representación. Pero antes de empezar, deberíamos recordar el por qué se celebra en noviembre el Misteri d’Elx.

El 2016 es especial, ya que no todos los años se representa a principios de noviembre esta obra. Pero, como decíamos y volviendo unos años atrás, el 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII definió solemnemente la Asunción de la Virgen María al cielo en cuerpo y alma. Asimismo, el Patronato del Misteri d’Elx decidió recordar estos hechos con unas representaciones extraordinarias. “En un principio se mantuvo estas representaciones cada cinco años, aunque en 1972 se tomó la decisión de celebrarlas cada dos años y aumentar los ensayos generales“, cuenta el director del Museo de la Festa, Joan Castaño.

La Basílica de Santa María abre sus puertas para recibir a los ilicitanos y no ilicitanos para que sena testigos del ensayo general del Misteri d’Elx.

Las diez de la noche y las campanas comienzan a sonar, entra el recién nombrado obispo de Menorca, Francisco Conesa, hasta ahora arcipreste de Santa María. Junto a él, la vicerrectora de Relaciones Institucionales de la Universidad Miguel Hernández (UMH), María Teresa Pérez Vázquez, que se estrenó como dama portaestandarte, y los directores de las sedes ilicitanas de la Universidad CEU Cardenal Herrera y UNED, Francisco Sánchez y José Pascual Ruiz, como personalidades electas.

Comienza el primer acto, La ‘Vespra’. Giramos la cabeza y nuestra mirada repara en tres niños vestidos con túnicas blancas, un manto azul y una corona diferenciando a cada Virgen. La Madre de Cristo avanza acompañada por su cortejo María Salomé y María Jacobe. Silencio, mis oídos se llenan con la voz de la Virgen, un sonido dulce y fino, como si de un arpa se tratara. Ésta, a través de su cántico pide subir al cielo para estar con su hijo.

Se abren los gajos de la mangrana y se descubre a un niño que representa al ángel / M.Torres

El niño que representa al ángel baja hasta el Cadafal para darle una respuesta a la Virgen./ Marina Torres

Las puertas del cielo se abren, para dejar caer la conocida Mangrana que lleva dentro al ángel que responde a la petición de la Virgen. Desde lejos se ve a las personas responsables de que el pequeño ángel no caiga al suelo, sudando y con cara de dolor como si tuvieran las manos dentro de una hoguera, bajan las cuerdas esperando a que la granada toque el suelo del Cadafal.

Noto unas miradas confusas entre el cortejo de la Virgen, siguiendo sus ojos me fijo en que tienen ciertos problemas para desabrochar el cinturón del ángel, tras unos minutos y con cierta resignación, por fin, el cinturón hace ‘clic’ y deja libre al niño vestido de ángel.

El ángel asciende de nuevo al cielo. Nerea Blasco, espectadora de la representación con una mano en el pecho y conteniendo la respiración, cuenta como esperó a que el ángel no se cayera del artefacto. Además, confiesa la admiración ante tal tradición y el gran significado que tiene para todos los ilicitanos.

Tras el regreso del ángel al cielo, llegan los apóstoles para acompañar a la Virgen en el momento de su muerte. Tres apóstoles llegan tras la petición de la madre de Cristo, entran por puertas diferentes y se encuentran en el andador, lo que figura ser un cruce de camino. Con sorpresa y alegría entonan el famoso canto del Ternari. Lo que poca gente conoce es que, a las afueras de Santa María, se encuentran tres figuras de hierro simbolizando el canto.

Lágrimas se desbordan por las orillas de los ojos de cada uno de los presentes que escucha este cántico, porque tras esto llega una de las escenas más esperadas por todos, la muerte de la Virgen. Unos técnicos situados bajo del Cadafal son los encargados de coger al niño que interpreta a la Virgen y subir a la imagen de ésta.

A las afueras de Santa María, se encuentran tres figuras de hierro que simbolizan el canto del Ternari que realizan los apóstoles.

Llega el descanso, los presentes aprovechan y salen a tomar el aire o a comprar comida y bebida para cenar ya que, Calendura y Calendureta vuelven a sonar desde lejos avisando que son las doce de la noche. Decido quedarme para ser testigo de como los técnicos cambian de lado el lecho de la virgen, preparándola para el segundo acto.

Poco a poco la basílica vuelve a llenarse de nuevo, ahora con más ganas y descansados se preparan para continuar con el drama que tan conmocionados los tiene.

La ‘Festa’, llega el momento más alegre de la noche, la subida de la Virgen al cielo. Las puertas del cielo se vuelven a abrir para dejar bajar de nuevo al Araceli, vienen a por la virgen. Cabeza bien alta, tan alta que debo hacer pequeños descanso para que no me duela el cuello.

Una vez que recogen la imagen de la Virgen que ya no porta la mascarilla mortuoria que simulaba su muerte, ahora aparece resucitada. El silencio se vuelve el protagonista de la escena, la Madre de Cristo asciende al cielo gracias a unas cuerdas que sujetan el Araceli, los técnicos suben poco a poco el artefacto. Pero a mitad de camino, una voz provoca que salte del susto en mi sitio. Mi mirada va hacia la voz que resuena en Santa María y choca con un hombre de estatura media baja, que con el rostro triste y desolado entona un cántico. Es Santo Tomás que no ha podido asistir a la muerte de la Virgen.

De repente, llega el instante más esperado en toda la noche, todos con la cámara en la mano y enfocando al Araceli, se ve bajar un pequeño artefacto que lleva la corona de la Virgen. Ésta es coronada y una lluvia de oropel cae encima de los apóstoles. Como una niña pequeña estiro la mano con la esperanza de que caiga algún trozo de oropel para poder guardarlo como recuerdo.

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Apóstoles y judíos celebrando la coronación de la Virgen, finalizando la representación con el Gloria Patri como acción de gracias /Marina Torres

La multitud que ha sido testigo del primer ensayo general, rompe el silencio en aplausos que inundan cada rincón del templo. La Virgen, la Patrona de Elche, ha sido coronada en presencia de los ilicitanos y estos felices y orgullosos, vitorean ¡Visca la Mare de Déu!

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